Opinión | El ojo crítico
Dios nos ampare
Europa se acerca poco a poco al abismo. Corre el riesgo de caer en la misma corriente ultranacionalista y ultracatólica donde los conspiranoicos campan a sus anchas

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump firmando decretos. / EFE
Lo más destacable de la toma de posesión de la presidencia de EEUU, hace unos días, por Donald Trump, fue el saber estar y la educación del expresidente Joe Biden y de la exvicepresidenta y candidata Kamala Harris. Al revés que hizo Trump cuando perdió las elecciones en 2020 negándose a participar en el traspaso de la presidencia así como a aceptar el resultado electoral, Biden tuvo un comportamiento educado y ejemplar que ha subrayado, una vez más, que el dinero no da la educación ni el saber estar. Cuestión aparte, dada su gravedad, fue la llamada a un golpe de Estado a sus seguidores más radicales que el hoy presidente hizo cuando perdió las elecciones tras su primer mandato, provocando no sólo las lamentables imágenes de ver a una turba grosera, de extrema derecha y violenta asaltar el Capitolio de los EEUU el 6 de enero de 2021 con el resultado de 5 muertes, sino también instalar en el país un ambiente de confrontación entre los ciudadanos que no se conocía desde la Guerra Civil Norteamericana. Es decir, si Trump hubiese aceptado el resultado electoral como hicieron con anterioridad todos los presidentes de los EEUU y no hubiese azuzado a radicales de extrema derecha conspiranoicos a iniciar un golpe de Estado, esas 5 personas estarían hoy en sus casas con sus familias.
Élites
Estábamos acostumbrados a que las élites republicanas aupadas al poder gracias a las relaciones personales creadas en el partido republicano se repartiesen el poder en las instituciones norteamericanas. Familias formadas en elitistas universidades privadas con tradición en la participación de consejos de administración de grandes empresas. Sin embargo, la irrupción de Donald Trump ha dinamitado al partido republicano que ha sido apartado del poder en este nuevo mandato de Trump. En su lugar, una pléyade de ultrarricos se ha convertido en el coro que dice a Trump lo que quiere oír todos los días. El ideario político de Trump es una mezcla de ideas ultracatólicas y conspiranoicas agitado con la venganza personal de un Trump por haber sido juzgado por la comisión de varios delitos que supo convertir, de cara a su electorado, en una persecución política de sus adversarios.
Noticias falsas
Cómo es posible, cabe preguntarse, que una persona que extiende la noticia falsa de que los inmigrantes de una ciudad se comen a las mascotas de los ciudadanos estadounidenses, que pretende arrasar la libertad de las personas para expresar y vivir acorde con su libertad sexual o que haya sido acusado y condenado por varios delitos repugnantes, lograse volver a ser presidente de los EEUU. Esta es la gran duda.
De momento Europa se acerca poco a poco al abismo. Corre el riesgo de caer en la misma corriente ultranacionalista y ultracatólica donde los conspiranoicos campan a sus anchas. La ultraderecha en la Unión Europea avanza en cada una de las elecciones generales que se celebra en cada uno de sus Estados miembros. Por tanto, la izquierda democrática y la derecha liberal europea deben vigilar y modificar la deriva ultra de la ciudadanía europea. Lo primero que habría que explicar es la necesidad que tiene Europa de inmigrantes para contribuir al desarrollo económico de sus Estados miembros. En el debate que hay en España sobre la necesidad de construir nuevas viviendas los agentes económicos han afirmado que para suplir ese vacío de viviendas será necesario contratar 700.000 inmigrantes para realizar los trabajos de construcción en toda España. Por otro lado, la izquierda europea, sobre todo la que se encuentra a la izquierda de la socialdemocracia, debería reflexionar sobre si determinados avances sociales en materia de libertad sexual han tenido la consecuencia esperada o si por el contrario han supuesto un revulsivo que ha sido utilizado por la ultraderecha para conseguir más votos. Los Gobiernos de izquierda de Europa deberían eliminar cualquier tipo de temor a aplicar una política de inmigración estricta y adecuada con los parámetros de los acuerdos internacionales y no dudar en aplicar leyes de expulsión para aquellos inmigrantes que no se quieran integrar o cometan delitos. Brazos abiertos para los que vengan a contribuir a la economía española y aplicación estricta, sin miramientos, de la expulsión para los que cometan delitos. Ambas situaciones son compatibles y se dejaría sin argumentos a la ultraderecha. Las palabras, hace unos días, de Carlos Mazón, afirmando que el Gobierno de Pedro Sánchez iba a enviar ayuda a Gaza para su reconstrucción antes que a Valencia va en la línea del aprovechamiento político del racismo y la xenofobia. En los años 30 del siglo XX se aventó el fantasma del peligro judío. Hoy son los inmigrantes.
Durante la toma de posesión de Donald Trump hubo constantes alusiones a la intervención de Dios por una supuesta intervención para evitar su muerte en el atentado que sufrió y por la esperanza de que sea Dios el que guie la política de Trump. Espero que ese mismo Dios nos ampare, a los europeos, de las promesas de Donald Trump.
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