Opinión | Análisis
Karla Sofía Gascón y el fin de una era
La hecatombe de la actriz en la carrera al Óscar es más que un fiasco personal: marca la conclusión de lo que se ha dado en llamar 'wokismo'

Karla Sofía Gascón, en una imagen de archivo / Gtres
No, la hecatombe de Karla Sofía Gascón en su carrera hacia el Óscar no se va a quedar simplemente en una crisis reputacional que supondrá la caída en desgracia profesional de una intérprete que lo tenía todo para hacer historia (podría haber sido la primera actriz trans en lograr el reconocimiento de Hollywood y de ahí, al firmamento). Y no es casualidad que el fiasco se produzca en este momento, durante el auge mundial de los movimientos de ultraderecha y el regreso al poder de Donald Trump, señales inequívocas de que eso que se dio en llamar, la mayoría de las veces de manera despectiva, el 'wokismo' (la alerta permanente ante las injusticias y discriminaciones sociales) tiene sus días contados. La terrible insistencia, casi ya hostigamiento, de 'Variety', la biblia del entertainment que fue la que hurgó en la cuenta de X/Twitter de la intérprete madrileña, marca el nuevo camino a seguir y es un aviso a navegantes.
A ver, los tuits de Gascón son deleznables pero, sobre todo, hipócritas e incoherentes: una actriz que se ha arrogado (sin que nadie se lo pidiera) la tarea de la defensa de los derechos trans desde su micrófono social, humillando y despreciando a miembros de otras minorías, tantas veces víctimas de las hordas, las antorchas y las persecuciones, no resulta demasiado creíble. Muchos observadores resaltan ingenuamente la injusticia de que unas opiniones vertidas hace unos años en una red social puedan suponerle a la intérprete un premio estrictamente cinematográfico. Quizás no se percaten de que los Óscar son: primero, un espectáculo televisado cuyos organizadores necesitan tener controlado al milímetro ("Si levanto la estatuilla, la lío", es el titular de una entrevista publicada en 'El Periódico' el pasado 25 de enero, pocos días antes de la exhumación de los tuits); segundo, no son galardones exclusivamente fílmicos, artísticos, tienen un componente claro de emotividad y necesitan ser parte y reflejar el momento social en que se producen (¿alguien cree que si hubiera ganado Karla Sofía Gascón el Óscar en su discurso habría hablado del plano americano y le habría agradecido a Yasujiro Ozu por su inspiración? No, ella tampoco habría hablado de cine).
Pero, insisto, la cosa no se va a quedar aquí. Ahora estamos en la etapa del control de daños: Netflix se ha distanciado completamente de la actriz trans y ya distribuye pósters promocionales de 'Emilia Pérez' sin que aparezca la cara de quien encarna a Emilia Pérez y, además, no invita a la madrileña a las diferentes actividades de la campaña para rascar votaciones en los Óscar. "Esto es un recordatorio de lo cruel que puede ser esta industria tan expuesta, sobre todo cuando accedes a la sala VIP de la élite. No dejas de ser un invitado, y si haces escándalo, viene seguridad y te echan de la forma más humillante. 'Variety' es el segurata que te saca por la puerta de atrás", escribe con acierto Pau Brunet (@PauBox).

Los nuevos pósters de 'Emilia Pérez', sin Karla Sofía Gascón / Netflix
Pero, paralelamente, estoy convencido, se está desarrollando una fase más peligrosa, cuyos efectos se notarán a medio y largo plazo: ¿Cuántos actores y actrices están ahora mismo revisando sus redes sociales en busca de posts hipotéticamente controvertibles para eliminarlos? ¿Cuántos, a partir de este momento, se abstendrán de publicar opiniones, ya no tan obtusas y feas como las de la Gascón, sino mínimamente edgy, para evitar un posible escarnio? Es cierto que, en mi opinión, se abusó de este tipo de posturas, que se utilizaron más como autopromoción cool que como compromiso genuino (¿se acuerdan del magistral "No estáis en condiciones de sermonear a nadie sobre nada" que soltó Ricky Gervais en sus últimos Globos de Oro?), pero miedo me dan los futuros discursos más higienizados que nunca, sin sal ni pimienta, con mucho "love and mercy" y "thoughts and prayers".
Y, además, si no hay premios que las refrenden porque toca distanciarse, si tampoco hay un clima político favorable al retrato de los traumas, problemas y realidades de minorías, me temo que tampoco habrá demasiadas películas sobre estos asuntos; el cine, arte industrial por antonomasia, no puede permitirse invertir en historias que no tendrán acomodo en las taquillas ni tan siquiera lograrán el prestigio de unos galardones ampliamente reconocidos. Y así, de unos tuits escritos a modo de rebuzno en la barra de un bar, hemos llegado a una nueva era en esto del entertainment.
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