Opinión | De lo que hablamos los jóvenes
La comercialización de las ideas
Estas tramas se están volviendo cada vez menos profundas. Están pensadas para que podamos escucharlas o verlas de fondo, sin necesidad de poner el foco en lo que estamos viendo
Últimamente hay pocas lecturas, películas o canciones que me sorprenden, que me hacen sentir ese algo fuerte que me incita a apuntar el título en mi lista de favoritos. Hoy en día en su mayoría, que no en todos los casos, las novedades de cada género literario, cinematográfico o musical vienen a decir lo mismo. Existen una serie de discursos que se repiten una y otra vez entre los títulos comerciales. Se habla de las mismas ideas, las mismas tramas, las mismas bases, porque venden. Nos acostumbramos a que esos son los discursos válidos y los reproducimos en el mundo real, donde no suelen funcionar porque «eso solo pasa en las pelis».
Y la realidad es que las personas somos mucho más complejas y la forma en la que nos cuentan que debemos relacionarnos y pensar es cuestionable. Es muy claro en las tramas de romance. El enemies to lovers es desagradable. ¿En qué mundo voy a enamorarme de alguien que me trata mal? Es extremadamente peligroso llevar esto al mundo real. ¿Sobre cuántos capitanes de la guardia salvadores hemos leído en historias de fantasía? El amor que todo lo puede, que luego no todo lo puede sin asertividad y comunicación. Las canciones más escuchadas del año, que son las mismas que el año anterior y el anterior. Y así una infinidad más.
A raíz de esto, estas tramas se están volviendo cada vez menos profundas. Están pensadas para que podamos escucharlas o verlas de fondo, sin necesidad de poner el foco en lo que estamos viendo. Están enfocadas en pasar el rato y pensar lo menos posible. Leemos, vemos y escuchamos las mismas cosas sin pararnos siquiera a pensar en si sus ideas nos funcionan, en cuestionarlas siquiera. Las asumimos como verdaderas porque son las más vendidas, las más escuchadas y repetidas. Por ello, las cosas han dejado de atravesarnos, nos hemos acostumbrado a que no haya novedad, a que nada nos duela. De ahí que se nos haga tan incómodo que algo se salga de la norma. No estamos acostumbrados a que una historia nos toque heridas, que hable sobre minorías reales, que critique y juzgue. Lo que vemos a nuestro alrededor, la ficción de la que nos nutrimos y que debería hacernos pensar, no nos mueve. Si bien hay quienes tratan de cambiar esto, el comercio no suele estar a favor. Por esto es tan importante la labor de aquellos que escriben en la disidencia, que escriben sobre sus propias ideas, que escriben para atravesar y hacer pensar. Por eso es tan importante que sigamos sus trabajos y analicemos sus voces, que cuestionemos y nos dejemos herir. Es la única forma de tener conciencia social.
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