Opinión | En corto
Con Roma nunca ha habido bromas
En tiempo del emperador Tiberio, siglo I de la era por tanto, su prefecto en Judea, Pilato, construyó un acueducto para llevar agua a Jerusalén, pero quería que fueran los propios judíos los que lo pagaran al precio que fijara. Los judíos de base se rebelaron y Pilato se vio obligado a reprimirlos matando a muchos, dejando claro que un pueblo ocupado por las legiones tenía encima que pagar al ocupante, ya fuera obligándoles a comprar lo que viene de Roma al precio que ésta diga u obligándoles a pagar impuestos altos por vender cosas a Roma. O sea, desde toda la vida o como poco desde el principio de la era los precios los pone el que manda. Hoy han cambiado mucho las cosas, o al menos su nombre, pues al impuesto por vender cosas a Roma se le llama aranceles y en vez de comprarle agua nos obliga a comprarle gas y petróleo. De pagar a las legiones hablaremos otro día.
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