Opinión | Punto final

Periodista deportivo
Sebastian Coe, un avestruz con el dopaje keniano
Hagamos el atletismo el deporte más limpio posible. Si era una declaración de intenciones, la aplaudimos. Sin embargo, el mayor escándalo con el dopaje desde la época de la Alemania Democrática (en muchos casos no se pudo demostrar) se está produciendo con Kenia

Sebastian Coe, candidato a la presidencia del COI. / IOC
No hay peor cosa en esta vida que la arbitrariedad. Si me ponen una multa de 500 euros por robar una gallina y al vecino lo encarcelan cinco años por lo mismo... ¿qué pensaríamos? Pues desde su llegada al cargo de presidente de World Athletics en 2015 en el Congreso que tuvo lugar durante los Mundiales de Pekín, esa desigualdad ha marcado el mandato de Sebastian Coe.
El británico despertó una gran ilusión en el atletismo tras los escándalos de corrupción del senegalés Lamine Diack. Llegaba avalado por su sensacional labor al frente del Comité Organizador de los Juegos de Londres 2012 y por su carrera extraordinaria como atleta, coronado por su oro olímpico en 1.500 en Moscú’80 y en Los Ángeles’84.
El exmediofondista ha trufado de errores y falta de criterio sus decisiones. Sigue empeñado en cargarse la marcha, ha amagado con quitar la tabla de batida en la longitud y lleva años jugando con los intentos en los concursos, sobre todo en una Diamond que ha prostituido con mil y una reuniones en una sesión que empieza incluso a finales de abril. De la Golden League que inventó el visionario Primo Nebiolo a una pléyade de mítines. ¿Por qué no fortalecer un segundo nivel y dejar la Diamond para seis citas?
Coe ha dado muestras de su partidismo y de un fuerte condicionante político que, eso sí, no le evitó un sonoro ridículo en las elecciones a la presidencia del COI (arrasó Kirsty Coventry). Quiso ejemplarizar al excluir a Rusia y a Bielorrusia (¿?) por su conflicto bélico con Ucrania, pero esconde la cabeza como los avestruces cuando lo hacen Estados Unidos o Israel, que esta semana ha bombardeado ¡seis países en 72 horas!
Aquí abogamos por desterrar la política del deporte. ¿Qué culpa tienen el atleta estadounidense Noah Lyles o el base israelí Yam Madar de lo que hagan sus países? ¿O los ciclistas del equipo de Israel? Otra cosa sería discutir temas como el himno, la bandera y los colores. Si es un problema político, sancionen a los políticos y no a los deportistas.
Sin embargo, lo peor de todo es que a Coe se le ve el ‘plumero’. Estados Unidos es un país anglosajón e Israel fue un protectorado británico. Y claro, el dirigente está tan marcado por su época como ‘lord’ y como parlamentario por el Partido Conservador y Unionista que sigue pensando que está sus compañeros ‘tories’ y no entre deportistas.
La última muestra es lo que está sucediendo con Kenia. A su llegada a la presidencia, el doble medallista olímpico enarboló la bandera de la limpieza y excluyó a Rusia del atletismo cuando estalló el ‘caso Grigori Rodchenkov’, quien acusó y presentó pruebas de un supuesto dopaje de Estados tras abandonar el Centro Antidopaje de Moscú y exiliarse en Estados Unidos.
Muy bien. Hagamos el atletismo el deporte más limpio posible. Si era una declaración de intenciones, la aplaudimos. Sin embargo, el mayor escándalo con el dopaje desde la época de la Alemania Democrática (en muchos casos no se pudo demostrar) se está produciendo con Kenia en la actualidad y no ha habido ninguna medida drástica.
Curiosamente, hablamos de un país de la Commonwealth y eso es sagrado para Coe. No el atletismo. La Commonwealth. Desde enero de 2024 hay documentados unos 130 positivos de atletas kenianos, entre ellos el de la poseedora del récord mundial de maratón, Ruth Chepngetich. Y se esperan más decenas en lo que resta de año.
¿Qué pasa? ¿’Vetar’ el atletismo keniano supondría ‘cargarse’ las maratones? ¿O un golpe a un país para el que el atletismo es una vía de salida? ¿Por qué no se investiga a ciertos entrenadores y managers? ¿Eso no te interesa, Sebastian?
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