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Comic-Con Málaga: ni éxito sin paliativos ni Fyre Festival del tebeo
Mientras la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Málaga exhiben números para argumentar su satisfacción con la cita internacional, las redes sociales se llenan de quejas por las largas colas, los precios y demás. Entonces, ¿qué ha sido la Comic-Con, un triunfo o un desastre?

El inapelable balance de la primera edición de la San Diego Comic-Con Málaga se dictará cuando se anuncie la segunda convocatoria / Álex Zea
La vida pronto enseña que nada es un éxito o un fracaso; normalmente, la mayoría de nuestras experiencias son triunfo y derrota en una infinita variación de proporciones. La recién finiquitada San Diego Comic-Con Málaga no se escapa de esa realidad: ha sido un acontecimiento abrumadoramente positivo en muchos aspectos pero también caótico, un pequeño naufragio en tantos otros.
Vamos a lo logrado, que no es poco. Se ha conseguido que en Málaga se haya organizado y ejecutado una comic-con de carácter internacional, que ha traído a 120.000 personas venidas de toda España y que, dicen desde la Junta de Andalucía, ha tenido un impacto económico de 50 millones de euros. Ante las cifras prefiero ser escéptico pero, descendiendo a la microeconomía, el dueño de mi cafetería de confianza, en el Centro Histórico, me aseguró que hacía mucho tiempo que una cita masiva se dejaba notar tanto en los locales, en las tiendas, en los dineros de a pie. Y ha sido sólo la primera edición: el margen de mejora es brutal.

Cola para acceder al FYCMA la jornada inaugural de la San Diego Comic-Con Málaga. / ÁLEX ZEA
La Cola-Con
Vamos a los problemas. Si uno se acerca a las redes sociales, la San Diego Comic-Con Málaga pasará a la historia como la Cola-Con. Leo este testimonio: «Según Luke Ward, de The Fact Site, la persona promedio a lo largo de su vida pasa cinco años esperando en filas y colas, de los cuales aproximadamente seis meses los pasa esperando en los semáforos. Pues yo tengo la sensación de que la San Diego Comic Con podría haber añadido fácilmente unos cuantos meses a ese total». Disculpen, he hecho trampa: no lo dice un asistente a la Comic Con malagueña, sino una de la original, de la casa matriz, de Estados Unidos, la SDCC sin M al final; quien, por cierto, calculó en 5 horas su tiempo total de colas de su jornada (se puede leer su experiencia aquí).
No es un caso aislado: si uno bichea por foros de internet verá, sin demasiada investigación, que hay hasta páginas de Facebook dedicadas a ofrecer consejos sobre cómo maximizar el tiempo de colas durante la SDCC. En resumen: es una cita masiva, pensada para grandes números, y eso es lo que tienen las citas masivas pensadas para grandes números: sería maravilloso, pero resulta imposible, disfrutar, por ejemplo, de un concierto multitudinario, con un público de centenares de miles, pero con el confort de un teatro, con sus butacas y sus acomodadores. En todo caso, las quejas en este sentido hay que calibrarlas: perdónenme si no tengo demasiado en cuenta las correspondientes al stand de Funko Pop, fundamentalmente para poder comprar una figura exclusiva y revenderla en Wallapop por diez veces más. Preferiría que se atendieran las de proyecciones fallidas (como la vergonzante de 'Toy Story') o los problemas de acceso de los asistentes con movilidad reducida.

La Comic-Con fue una cita con el mejor cosplay, como se puede ver las dos imágenes inferiores.. / Álex Zea
Perritos calientes
Estos días de la Comic-Con también se viralizó una imagen del menú hot dog XXL que despachaban a 20 euros en uno de los puestos de la cita: sin duda, el perrito caliente más triste de la historia, levemente cocinado, sin salsas ni cebolla frita, acompañado por unas patatas fritas desamparadas. ¿Deberían haber dejado entrar comida al recinto? Eso es una discusión más amplia, que trasciende este caso concreto, ya que hablamos de un veto de controvertida legalidad que también se da en cines, conciertos, zoos, etc; la cuestión es diferente en la prohibición del acceso con botellas de agua rellenas, que por algo el líquido elemento nos resulta vital e imprescindible (ese veto aberrante se levantó tras las quejas iniciales, menos mal).
Siempre estaba la opción de salir del FYCMA para el avituallamiento y volver a entrar (lo cual no se permite en bastantes festivales de música, por cierto): cuentan que uno de los bares de la zona, El Copo, ha hecho su agosto a finales de septiembre vendiendo bocadillos a mansalva. Pero exigir el precio del local de una hamburguesería de barrio dentro de la Comic-Con resulta ridículo y, hasta cierto punto, hipócrita: no he leído ninguna queja de un asistente sobre los precios de los Funko Pop. No, porque los dan por asumidos; saben lo que hay, lo que cuestan, etc. Podrían aplicar la misma lógica de mercado en otras parcelas de su experiencia.

La comunidad friki es muy particular: apasionada y fiel. / Álex Zea
Comunidad friki
Y es que la comunidad friki es muy particular: apasionada y fiel (de hecho, en eso se basan este tipo de cons: en la pasión desmedida del fan), sí, pero también muy exigente y con cierta tendencia al comentario incisivo, incluso malrollero; por cada nerd o geek disfrutón aparecen dos o tres en el lado oscuro de la fuerza. Por eso, leer en algunos análisis publicados en medios nacionales que la San Diego Comic-Con Málaga ha sido el Fyre Festival del tebeo (un festival musical que se anunció de lujo balinés pero terminó siendo menos que de Aliexpress) o comentarios en plan «menos mal que no se ha producido alguna muerte por una avalancha humana» resulta exagerado pero, sobre todo, injusto. Sobre todo, porque las largas colas, los cierres de aforo y las incomodidades se determinaron precisamente por seguridad, para impedir la posibilidad de un mal mayor.
Que las ramas (las colas para el agua y los precios de las salchichas) no nos tapen el bosque, los verdaderos problemas. Lo más grave tiene un nombre que casi nadie ha empleado pero que define el principal problema de lo que ha ocurrido los dos últimos días de la Comic-Con, los del colapso a la entrada: overbooking. Sí, en el nombre de las perspectivas de negocio, de exprimir la naranja, se vendieron muchas más entradas de las que permitía el aforo, y eso es denunciable, especialmente cuando hablamos de una iniciativa sustentada por la inversión pública (4,5 millones entre la Junta y el Ayuntamiento de Málaga, que han desarrollado la aventura en colaboración con Cosmic Legends, una sociedad limitada que se hizo con los derechos de la marca de San Diego).
En los cálculos para diseñar el número de entradas que poner a la venta ha primado el desequilibrio que tantas veces se da en el diálogo público-privado
La cuenta no es tan simple como multiplicar el aforo del FYCMA (14.000) por los días de Comic-Con (4) y restar el resultado (56.000) a la asistencia total confirmada por la organización (120.000) para obtener el sobreaforo. Eso supondría que se ha duplicado la capacidad de aforo global, pero no sería verdad: las organizaciones de este tipo de citas saben que no todos los asistentes se quedan la jornada completa y, para aprovechar al máximo la capacidad y hacer caja, diseñan sus estimaciones de manera dinámica a la hora de poner a la venta las entradas. Pero está claro que aquí en esos cálculos ha primado el desequilibrio que tantas veces se da en el diálogo público-privado, y urge que desde la Junta y el Consistorio investiguen lo ocurrido para ajustar mucho más los números.
Programación
Pero es que, además, la programación ha sido francamente mejorable. Por ejemplo, muy pocos VIP se prestaron a firmar (previo pago, claro), y todos ellos concentrados la primera jornada; el sábado, el supuesto día grande, sin apenas actividades. Si no se llega a contar con la presencia de Arnold Schwarzenegger, la cosa habría sido una debacle en términos de relumbrón. Alquilar una marca, aunque sea una tan popular como la San Diego Comic Con, sirve como aval en una primera ocasión; si la experiencia resulta algo decepcionante, el valor de la marca se resiente a la hora de repetir. Traducido en este caso: ¿se agotarán las entradas tan rápidamente para la segunda Comic-Con malagueña si de nuevo se sacan a la venta sin agenda, sin listas de estrellas ni de actividades? ¿Confiará de nuevo a ciegas el público? Está por ver.

Cientos de personas protestan por la imposibilidad de entrar al recinto a causa de las largas colas al acceso. / Álex Zea
Los hay que disfrutaron, y mucho
Conozco a bastantes personas que han disfrutado de lo lindo en la San Diego Comic-Con Málaga; sí, sufrieron los rigores de las colas, de la comida chunga, de esperar minutos para poder acceder a una fuente de agua... Pero la experiencia les valió la pena. Si han estado atentos a la cobertura de La Opinión de Málaga de estos días seguro que se habrán topado con algunos textos de mi compañero Nacho Agote: de verdad, me habría gustado que hubieran visto su cara de felicidad, su entusiasmo, en sus selfies con el Bowser gigante de Lego, el monstruo del universo Super Mario; o que hubiera compartido con ustedes, como lo hizo conmigo, sus nervios a la hora de conocer a los dobladores en español de la serie de Bob Esponja. Todo eso sin descuidar en ningún momento jornadas laborales maratonianas, casi estajanovistas, de gran exigencia, y sin ningún privilegio VIP por ser de prensa (a él también le inspeccionaban la mochila en los accesos y no le regalaban un menú deluxe desde la organización a la hora del almuerzo). Hablamos, supongo, de una cuestión de actitud. Quizás ser fan sea esto, lo cual no significa pasar por alto obstáculos, cagadas y desastres pero sí una manera particular de afrontarlos.
Quizás ser fan no sea pasar por alto obstáculos, cagadas y desastres pero sí una manera particular de afrontarlos
De momento, contabilizan en la organización del consumidor OCU un total de 200 reclamaciones por la organización de la cita en el FYCMA; por supuesto, no todos los que acabaron descontentos ni mosqueados con lo vivido se animaron a plantear una queja formal (deberían haberlo hecho) ni tampoco que por ser menos tengan menos razón en sus quejas y argumentos para sostenerlas. Pero, una vez más, parece que la mayoría es silenciosa, y que los memes, los reels y los virales, con su carga de razón, con su necesaria incisividad, también pueden terminar sobredimensionando la realidad.
Al final, el inapelable balance de la primera edición de la San Diego Comic-Con Málaga se dictará cuando se anuncie la segunda convocatoria y, repito, salgan a la venta las entradas. Entonces, sólo entonces comprobaremos si las colas realmente no fueron para tanto o si incluso algunos están dispuestos a comerse el hot dog más triste del mundo (o pasarse por El Copo). Y tengo la sensación de que a más de uno, y de dos, de los que han jurado y perjurado por las redes sociales que jamás se pasarían de nuevo por aquí les volveremos a tener entre nosotros el año que viene.
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