Opinión | El ruido y la furia
Fundido a negro
El mundo camina hacia la oscuridad, hacia un fundido a negro que nos dejará a todos a oscuras

Una persona con la bandera palestina. / Europa Press
El mundo se oscurece, dicen los científicos tras sesudos estudios. La ciencia roza a veces la poesía, metaforiza, alcanza los territorios sublimes donde solo el símbolo alcanza. Sin embargo, llegados a esos terrenos, hemos de admitir que el viraje a oscuro del mundo es antiguo y paulatino, pero acaso ahora esté alcanzando sus últimos objetivos.
Los satélites de la NASA han detectado, comparando datos obtenidos durante el último cuarto de siglo, que el planeta se oscurece, y por lo visto las razones son todas de origen humano, algo que no era tan difícil sospechar. Al parecer, este efecto se produce en ambos hemisferios, pero en el norte es más profundo y va mucho más rápido.
Eso es en el plano físico. En el plano metafórico vamos viendo que también. En el hemisferio norte tenemos muchas razones para ir oscureciendo más aprisa. Andan por aquí Trump, Putin, Netanyahu, los radicalismos que crecen en todas partes. Estamos, probablemente, a solo unos pasos, a unos milímetros de una nueva guerra mundial. Las estadísticas dicen que, como pasó en aquella Europa de hace justo un siglo, los jóvenes tienen el mismo afán por entregar su libertad que la que tuvieron sus abuelos por conquistarla. Esto ya lo vio Erich Fromm en aquel estudio publicado en 1941 que tituló ‘El miedo a la libertad’. Miedo es la palabra, el concepto con el que juegan los extremistas para que volvamos a tomar las armas los unos contra los otros, como si eso hubiera alguna vez solucionado algo.
El mundo camina hacia la oscuridad, hacia un fundido a negro que nos dejará a todos a oscuras. Es terrible que las nuevas generaciones no hayan aprendido nada de la historia, pero no hacen más que caminar sobre las huellas que hemos ido dejando, repitiendo el mismo camino y, por tanto, el mismo destino. No son del todo culpables, pero serán ellos (qué lástima que no se den cuenta) quienes pagarán el precio, quienes morirán jóvenes y no verán crecer a sus hijos, quienes sufrirán las peores consecuencias de esa guerra a la que, parece que inevitablemente, nos dirigimos, aunque quizás los historiadores, dentro de unos años, enseñarán a quienes hayan quedado, si es que queda alguien después de esta locura, que la III Guerra Mundial empezó el 11 de septiembre de 2001.
Vamos hacia la oscuridad, en contra de la luz, con todo el significado simbólico que eso tiene. La humanidad se ha empeñado en acabarse a sí misma, acaso cansada de no encontrar la forma de convivir, de hacer menos injusta y menos violenta la sociedad. No le hemos dado jamás una oportunidad real a la paz, a la libertad, a la fraternidad. Nos empeñamos en la muerte, obcecados. Ciegos de rabia, no vemos más allá, todo está demasiado oscuro.
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