Opinión | Málaga solidaria
Victoria Gómez | Laura Ramos
Artivismo: El arte que transforma barrios y une comunidades
Durante las jornadas, el colegio se llenó de entusiasmo. Tanto el profesorado como el alumnado colaboraron para realizar el mural con confianza y compromiso

Los murales que hoy decoran sus barrios permanecen como testimonios vivos de lo que una comunidad puede lograr cuando se une en torno a un propósito común. / l.o.
En muchos de nuestros barrios, el arte se convierte en una herramienta poderosa para la transformación social. Los murales no sólo decoran las paredes: llenan de vida los espacios, reúnen a las personas y fortalecen los lazos entre vecinos y vecinas.
Cuando los niños y niñas llevan a sus familias a mostrarles ‘su mural’ o cuando los vecinos y vecinas se detienen a admirar la obra, ocurren pequeñas grandes cosas: nacen conversaciones, se tejen vínculos y se construye una identidad colectiva.
Observar cómo un grupo de niñas y niños inquietos se transforma al recibir pinceles y la responsabilidad de decorar los muros de su colegio es un ejemplo de ello. Esa energía que antes se dispersaba en el aula, ahora se canaliza hacia un objetivo compartido: crear algo hermoso y duradero para su comunidad.
Guiados por Julia Gutman, una artista estadounidense becada por su trabajo muralista, estos pequeños artistas aprenden que en el arte no hay errores, solo nuevas formas de expresarse. Entre colores, risas y cooperación, desarrollan habilidades como el trabajo en equipo, el respeto por el espacio común y el orgullo por su entorno.
Durante las jornadas, el colegio se llenó de entusiasmo. Tanto el profesorado como el alumnado colaboraron para realizar el mural con confianza y compromiso. Un ejemplo más, de cómo a través del arte los roles pueden difuminarse, creando nuevas perspectivas y rompiendo los esquemas conocidos (tradicionales) mostrando cómo es posible un trato humano y diferente a los esquemas tradicionalmente conocidos.
Los murales que hoy decoran sus barrios permanecen como testimonios vivos de lo que una comunidad puede lograr cuando se une en torno a un propósito común. Son más que pintura sobre las paredes: representan la capacidad transformadora del arte participativo y su poder para generar cambios reales, inspirar esperanza y fortalecer la identidad comunitaria.
La iniciativa forma parte de un programa comunitario impulsado por vecinos, vecinas y organizaciones locales como Incide, que busca recuperar espacios públicos a través del arte. Proyectos como este invitan a más barrios, escuelas y artistas a sumarse. Porque cuando el arte se abre a la comunidad, deja de ser sólo una expresión individual y se convierte en una herramienta poderosa para fortalecer el tejido social.
Al final, el mural no es una simple obra terminada, es el ejemplo en vivo de todo un proceso colectivo donde cada participación aporta y cada trazo encuentra un lugar. El color se trasforma en símbolo de unión.
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