Opinión | Viento fresco
El PP andaluz convierte al juanmismo en su único ingrediente
Un congreso es una cita de gente muy diversa que piensa lo mismo. Pero ideas no circulaban muchas. Casi ninguna

Juanma Moreno (d), junto al líder del partido, Alberto Núñez Feijóo (i), en la jornada de clausura al XVII Congreso del PP de Andalucía que se celebra este domingo en el Palacio de Congresos de Sevilla / Julio Muñoz (EFE)
Por los pasillos del recinto ferial de Sevilla circulaban este fin de semana periodistas, compromisarios, dirigentes, curiosos, militantes o aspirantes a subsecretarios y hasta presidentes de diputaciones o delegados provinciales de cosa alguna de la poderosa y omnipresente Junta. Un congreso es una cita de gente muy diversa que piensa lo mismo. Pero ideas no circulaban muchas. Casi ninguna. No ha sido un congreso el del PP andaluz de ideas. Ni siquiera de codazos. Se lo comentaba a este cronista un diputado al Congreso: estamos cerca de las elecciones y aquí no se trata de cabrear ni postergar a nadie. La cosa es poner a punto la maquinaria.
Juanma Moreno se ha rodeado de fieles, dice el tópico. Como si tuviera algún infiel dentro. Hasta al propio Moreno ha hecho chanzas en sus discursos con la cifra de apoyos que recibió para ser reelegido: 99,95%. "Le dije al secretario general: oye, ¿estás seguro de que esto no está trucado"?, ironizó.
El PP andaluz está pacificado y engrasado y presto a la batalla electoral que se avecina. Eso sí, está por ver contra quién. Contra quién es esa batalla. Moreno, en un corrillo informal con periodistas, apostó a que en alguna provincia andaluza (¿Almería, Huelva?) el PSOE pueda ser la tercera fuerza política. Detrás de PP y Vox. Esa es la cuestión: ¿se radicaliza el PP para parar a Vox, detener la sangría por la derecha y robarle espacio a los de Abascal o insiste en seducir a ese voto 'prestado' que arrebató al PSOE?

El presidente de la Junta y del Partido Popular en Andalucía, Juanma Moreno (d), junto al líder del partido, Alberto Núñez Feijóo (i), en la jornada de clausura al XVII Congreso del PP de Andalucía / Julio Muñoz (EFE)
Está claro que Tellado y Feijóo, que han intervenido en este congreso, apuestan por un choque brutal y tenso e hiriente contra el Gobierno trufado con mensajes intercambiables con Vox. Pero Moreno es la moderación. Ese es su mensaje y seguramente apelará a lo útil, ya lo hizo con éxito, que es que él tenga mayoría absoluta, frente a un PSOE "que en Andalucía representa el pasado y el ultramontanismo de Vox".
Por lo demás, este domingo el gran protagonista era Feijóo, que llegó algo seriote al Palacio de Congresos, a eso de las once, en contraste con un Elías Bendodo jovial y sonriente y un Juanma Moreno abrazado y besado y saludado con tal énfasis e insistencia por algunos que tengo para mí que ha desarrollado una gran paciencia, que va llegando a infinita, para todas estas liturgias. Se presta el hombre. Tal vez la frase que más ha oído estos días, más que “enhorabuena, presidente”, es “Otro, otro selfie, Juanma”. Feijóo fue entrando en calor y tornando a un semblante risueño gracias al pasillo que le fueron haciendo hacia el estrado. Cuca Gamarra entró algo solilla y en gabardina. Ser cronista político es estar preparado para, recién levantado y aún con solo medio litro de café en el cuerpo, encontrarte a Gamarra en gabardina. En ese camino hacia la primera fila, Feijóo se paró a saludar especialmente al alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, que por segundo día consecutivo lucía un llamativo jersey rojo. Un punto luminoso y atrayente para no pasar desapercibido, ni inadvertido, en ese mar de camisas azul claro y americanas o cazadoras pardas. Pocos fachalecos, por cierto.
En esta jornada de clausura, con discursos de Juanma Moreno y Alberto Núñez Feijóo. El primero, que comenzó su alocución con emotivos saludos a su familia y un recuerdo a su padre, dijo lo que se esperaba de él, lanzando sus consabidos mensajes: “estabilidad”, una palabra que repitió mucho, “andalucismo”, “el partido de las clases medias”. Un discurso sentimental que solo se metió en datos, cifras, cuando habló de la sanidad. No expresamente del escándalo de los cribados, de lo que habló el sábado, sino de la inversión que la Junta hace en el SAS. Es mentira que estamos privatizando”. Solo nombró una vez a Sánchez. Colofonó su discurso dando por hecho algo que ya ha verbalizado: que adelantará las elecciones para hacerlas coincidir con las generales si es que Sánchez anticipa.

Moreno (d), junto a Feijóo (i / Julio Muñoz (EFE)
Feijóo, al que le cuesta algo más de trabajito enfervorizar, dijo casi al principio de su alocución que tanto él como el PP andaluz van a ganar las elecciones pero, ojo, “no deis nunca nada por hecho”. Que se lo digan a él. No se sabe si es -no deis nunca nada por hecho- una máxima en la vida o un consejo coyuntural. La palabra corrupción salió pronto. Feijóo sí nombró a María Jesús Montero. Juanma Moreno fue más elíptico.
Málaga
Los malaguitas estaban contentos. Dos vicesecretarios, dos. Jacobo Florido y Raúl Jiménez. Antes, uno. Son, los vice, los que ejercen un verdadero poder, dado que la dirección es elefantiásica y por tanto inoperante si no es por un pequeño núcleo ágil que toma las decisiones del día a día en el partido. La delegación malagueña, la más nutrida de Andalucía, alegre y entregada muchachada al juanmismo, una rama más del malagueñismo, vuelve con la encomienda de ser de nuevo un granero de voto y mantener el enorme poder institucional en el territorio malagueño. En Sevilla, por ejemplo, la Diputación la controla el PSOE. “Sabíamos que Raúl Jiménez iba a ascender al primer plano de la dirección y lo de Jacobo es lógico: se le encomienda el área electoral y él es politólogo experto en eso”, nos comenta un delegado de la Junta.
Sin más ideas nuevas salidas de este congreso, las que el PP malagueño enarbola ya son suficientes para insistir y machacar: la deficiente movilidad de Málaga urge soluciones. Por ejemplo. Pero a todo eso volverán este lunes. Ayer a la una y cuarto, Feijóo dictó recreo. Fin. Se abría por delante la tarde del domingo, zona de descanso y de melancolía.
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