Opinión | 360 grados
Se enfría la relación de Polonia con la Ucrania de Zelenski
El Gobierno polaco no apoyará el ingreso de Ucrania en la UE si no se disculpa oficialmente por la limpieza étnica que llevaron a cabo contra los polacos durante la Segunda Guerra Mundial

El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski / Henry Nicholls/PA Wire/dpa
Polonia es por razones históricas una de las naciones más radicalmente rusófobas de la UE, lo que la hizo apoyar a Ucrania desde el principio de la guerra con Rusia, pero esa relación especial se ha enfriado últimamente.
El ex presidente polaco Andrzey Duda aseguró en público que Kiev tendrá que pagar en adelante las armas que su país le suministre para luchar contra el invasor ruso.
Y al final de su mandato, Duda reveló que el propio Volodímir Zelenski le había confesado que un ataque contra la aldea polaca de Prewodów, en la frontera con Ucrania, en el que murieron dos personas, se debió en realidad a un misil antiaéreo ucraniano y no ruso como se encargaron acríticamente de difundir los medios de Occidente.
El sucesor de Duda en la presidencia del país, el historiador y político conservador Karol Nawrocki no se ha apresurado, como otros líderes europeos, a dar palmaditas en el hombro o abrazar a Zelenski en Kiev y ha dicho que ése si quiere entrevistarse con él, puede visitarle en Varsovia.
Según Nawrocki, su Gobierno no apoyará el ingreso de Ucrania en la UE si Ucrania no se disculpa oficialmente por la limpieza étnica que los ucranianos llevaron a cabo contra los polacos que habitaban en el oeste de Ucrania durante la Segunda Guerra Mundial.
El Sejm (cámara baja del Parlamento polaco) ha calificado incluso de «genocidio» lo ocurrido en la Galitzia oriental los años 1943 y 1944 y que en Polonia se conoce como «las masacres de Volinia».
A saber, el asesinato de cerca de 100.000 polacos y personas de otros grupos étnicos por el Ejército Insurgente Ucraniano, brazo militar de la Organización de Nacionalistas Ucranianos, aliada de Hitler.
En Domostawa, localidad en el sureste de Polonia, se inauguró este verano un monumento a las víctimas de esas masacres en el que aparece un niño atravesado por un tridente, símbolo del nacionalismo ucraniano que forma parte del escudo del país.
Al margen de esos motivos históricos de desconfianza entre los dos pueblos hay en Polonia fuerte oposición al ingreso de Ucrania en el club de Bruselas por razones tanto económicas como sociales.
No sólo su sector agrícola podría verse fuertemente perjudicado por los productos ucranianos si éstos entran sin restricción alguna en el mercado polaco, sino que Polonia se convertiría además en contribuyente neto de la UE.
Mientras tanto, como ocurre en otros países europeos que han acogido a un gran número de refugiados ucranianos como, por ejemplo, Alemania, en Polonia crece el resentimiento contra esos extranjeros.
Con razón o sin ella, porque la mayoría trabajan en supermercados, como camareros y en otros oficios y profesiones y pagan impuestos, se los acusa de aprovecharse del Estado de bienestar polaco, de las largas listas de espera para ver a un médico.
En resumen, los ucranianos no son ya tan bienvenidos en Polonia como cuando llegaron a ese país huyendo de la guerra.
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