Opinión | Tribuna
El mártir Mazón
En todos y cada uno de los casos, las víctimas se acabaron convirtiendo en un testimonio incómodo que convenía acallar, incluso descalificando, acrecentando el dolor y la rabia

Carlos Mazón saluda tras un acto en el Palau de la Generalitat, en una imagen de archivo. / Rober Solsona/EP
Al fin, la voz de los muertos ha doblegado la indecencia. Durante un año, Carlos Mazón había tratado de subsistir cubriéndose los oídos y gritando «no te escucho». Hasta que acudió al funeral de Estado por los 237 fallecidos de la dana. Ni pudo evitar el acto, ni pudo estar en él con dignidad. No podía hacer nada porque su carrera política ya se había hundido en la nada. Mazón, pues, ha dimitido. Lo ha hecho a su estilo: fracasando. Construyendo un refugio de embustes para ofrecerse, él también, como una víctima. ¿O pretende ser un mártir?
El PP no se lleva bien con las víctimas. El guion de Mazón empezó a escribirse en 2003, cuando un avión Yak-42 que transportaba a 62 militares españoles se estrelló sin supervivientes. El PP trató de tapar la nefasta gestión de la tragedia y burlar la responsabilidad con un enredo de embustes. El relato se fue reescribiendo en el 11-M, el accidente del metro de València, las residencias de Madrid en la pandemia y, por supuesto, la dana. En todos y cada uno de los casos, las víctimas se acabaron convirtiendo en un testimonio incómodo que convenía acallar, incluso descalificando, acrecentando el dolor y la rabia. Un desprecio que sobrevuela también en la oposición del PP a la ley de Memoria Histórica y su interés por derogarla allí donde gobierna con Vox. Las voces de las víctimas del franquismo siguen exigiendo verdad, justicia y reparación.
Pero otra cosa son los mártires. Esas víctimas a las que se les suma una intencionalidad política o religiosa, con una connotación evidente de sacrificio y para las que se reclama un especial brillo en la memoria. Hay de todos los colores, y algunos provocan un escalofrío. Mártires de la Iglesia, de la yihad, de las mil y una revoluciones y, también, como no, de la Cruzada franquista. «Ya no puedo más», dijo Mazón como si el tormento fuera excesivo. No por su irresponsabilidad, no, sino por aquellos que han hecho de él un «foco de crítica, ruido, odio y crispación». ¿Se referirá a la izquierda? ¿A las víctimas? Pues eso, un mártir.
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