Opinión | Tribuna
Progreso, pero… ¿de qué me habla?
O sabemos conjugar los dos progresos, poniendo el económico al servicio de la realización de los hombres y mujeres de este mundo o iremos al fracaso
El progreso desde la visión política
Casi todos los partidos pretenden el progreso y se identifican con él como argumento electoral. Yo pienso, como es lógico, que el progreso es la base del desarrollo, pero podemos entenderlo de diferentes maneras y orientaciones. El diccionario de la lengua española, en una doble acepción, lo define como: 1) Acción de ir hacia adelante y 2) Avance, adelanto, perfeccionamiento.
Por tanto, podemos decir que sería el acercamiento al objetivo marcado. La cuestión es: ¿Cuál es el objetivo? Por un lado, entendemos que progresamos cuando estamos mejor desde un punto de vista económico, tecnológico, de avances y adelantos materiales. Es decir, cuantos más recursos tengamos a nuestra disposición nos situaremos en un mayor progreso. Esto hace que lo midamos en tener cosas y medios para satisfacer nuestras necesidades básicas, por lo que gozaremos de un progreso material.
En este caso, el desarrollo de la industria transformadora es el instrumento de elección para conseguir este fin. Por tanto, todos los ciudadanos deberían asumir como esencial la producción de bienes de consumo para dotarse de artilugios y aparatos que les faciliten la vida, dando mayor predominio a la empresa, como medio de progreso y desarrollo, que al sujeto. La empresa y sus técnicos definen las líneas de producción y los artilugios a desarrollar y diseñar para satisfacer nuestras necesidades, e incluso nos motivan para su consumo, buscando siempre su mayor beneficio, pasando a segundo orden los intereses del consumidor. En suma, aquí, el dinero y la propiedad de cosas son los indicadores del progreso y, por ende, el objetivo del mismo.
Existe otra idea de progreso orientada al desarrollo personal, a la autorrealización y a la maduración del ser humano, entendiendo lo material como instrumento a su servicio y no como objetivo final. El ser humano, según mi criterio, ha venido a este mundo para realizarse, para evolucionar en un sentido integral. Para mí esta es la base del desarrollo y del progreso; la que antepone al individuo sobre cualquier otra cuestión. Importan los aspectos relacionados con su formación personal, el desarrollo de su libertad, capacidades intelectuales y potencialidades, su espíritu crítico, su creatividad, junto con la educación en valores sociales de tolerancia, igualdad, comprensión, implicación, responsabilidad, solidaridad, apertura de miras, etc. que permiten una justa convivencia en paz entre los pueblos y, por ende, el progreso de la sociedad.
Progresar es cultivar la esencia del ser humano
Lo importante no es el tener, sino el cultivo de la esencia del ser. En este caso, el ser humano es el bien más preciado, con una espiral de potencialidades a desplegar que garanticen una sociedad de verdadera evolución en libertad responsable. Bajo esta perspectiva, todo el sistema debería estar enfocado a ese perfeccionamiento del sujeto, a una conjunción social donde los intereses económicos de grupos no primaran sobre los valores de convivencia y progreso social, permitiendo el desarrollo de la espiral de potencialidades a que me refería. Lo esencial no es que las empresas tengan mayor o menor beneficio, que también, sino que estén orientadas al servicio del ciudadano. La producción se ha de considerar conjugando las necesidades humanas con el menor daño posible al ecosistema y procurando la preservación de la especie y su entorno.
En las últimas décadas se observa un incremento de la influencia de las empresas, sobre todo multinacionales, en la orientación de la política mundial. La economía es preponderante sobre cualquier otro principio, donde lo importante son los beneficios y el flujo económico. Las personas son usadas como instrumentos directos o indirectos para este objetivo, que es la cuenta corriente y los beneficios de las acciones, así como el cómodo sillón para asomarse a la ventana de esa vida virtual, donde se confunde realidad con ficción. La imagen de una muerte o situación de violencia en una película tiene el mismo valor que la de una realidad objetiva. Se acepta con indiferencia el exterminio de los malos, que quieren yugular el progreso económico y bienestar social. Desde su cinismo, la oligarquía dominante, interpreta que su obligación está en llevar el progreso a todo el globo e incluirlos en este sistema de desarrollo, en esta dinámica de producción y consumo, aunque sea a sangre y fuego.
Neocons y neoliberales
El proyecto ‘Neocon’ (no me extenderé en mayor exposición) controla medios de comunicación y económicos que generan el dominio sobre gobiernos y estados a caballo del neoliberalismo, persiguiendo el global dominio de los EEUU. Sus algoritmos permiten el tutelaje sobre la gente para reorientar opiniones y criterios según sus preceptos y objetivos. Las grandes revoluciones sociales han sido reconducidas y los principios de libertad, igualdad, fraternidad están dando paso al individualismo insolidario.
El ‘progre’ lo asocian a sujetos descuidados y de moral laxa, con un leve componente trasnochado y una gota de locura genial, que le da cierto encanto, pero ya en periodo de extinción. La democracia la han centrado en la opinión política y no trasciende a la cuestión económica y social, salvo lo justo, lo que les interesa. Tienen psicólogos, sociólogo, politólogos, y todos los ‘ólogos’ que quieran, para crear opinión pública que apoye sus políticas. Compran medios de comunicación, periodistas, políticos, religiosos, científicos y cuanto profesional necesitan y aquellos que no se pliegan a sus designios los denuestan y descalifican. Eso sí, todo lo hacen por el bien de la sociedad, porque ellos saben lo que le interesa y que es lo mejor para ella. Son los iluminados por Dios para encausar la civilización mediante su idea de progreso. Los gobiernos yacen rendidos a sus pies. Si no cumplen los asfixian económicamente y los cambian ‘democráticamente’ (el pan da el voto)… Por todo ello, queridos amigos, me dan miedo los ‘Neocons’ y sus planteamientos. ¡Poderoso caballero es don Dinero!
Conjugar las dos ideas de progreso
Pero, ¿dónde está el futuro? O sabemos conjugar los dos progresos, poniendo el económico al servicio de la realización de los hombres y mujeres de este mundo o iremos al fracaso. Los intereses económicos sobre los de desarrollo humano desembocan en la deshumanización y al mercadeo alienante, como se ha demostrado a lo largo de la historia. El desarrollo de valores y principios de convivencia y de justicia social llevan al encuentro y entendimiento de las distintas civilizaciones.
Se pretende globalizar un mundo para el mercado de capitales y materias, pero no para la igualdad y la justicia. No se busca, en primer lugar, el bien de los habitantes del planeta, sino el de las empresas multinacionales. El problema es que estamos subidos en un carro del que no nos podemos bajar, salvo que nos convirtamos en sujetos marginales. El reto está en reconducirlo y orientarlo hacia unos objetivos basados en principios de desarrollo humano universal y poner a la empresa al servicio de los intereses de hombres y mujeres y no al revés. El instrumento, desde la política, es la legislación. Para hacer leyes consecuentes con estos objetivos hemos de identificar los programas y principios de los partidos que estén en esta onda, pero sobre todo demandarles que respeten la soberanía de los pueblos y la antepongan a los beneficios económicos de las multinacionales y la especulación, exigiéndoles someterse a los intereses ciudadanos.
En resumen, el asunto está en tomar conciencia del problema y desarrollar criterios sociales y políticos que modifiquen la tendencia al enriquecimiento material de colectivos sin escrúpulo, dando protagonismo al segundo concepto de progreso que he barajado, con su contenido humanístico.
Nuestra simbiosis con el entorno
Por otro lado, el progreso tiene una relación directa con el entorno que nos envuelve, al que hemos de respetar. Nuestra cultura es agresiva con él, poniendo en peligro el ecosistema, despreciando a la tierra, en contraposición a otras, como por ejemplo la indígena de los Andes, que llama a la tierra Pachamama o Madretierra, por la que siente veneración y respeto. La naturaleza es nutriente y de ella depende nuestro sustento. El futuro está ligado a su capacidad de alimentarnos. Por tanto, es de inteligentes conservarla y mantener una simbiosis con ella y con todos los elementos que la integran.
Por tanto, el progreso del ser humano pasa por respetar el ecosistema y por potenciar la evolución de las personas desde su propia esencia, dejando de ser un sujeto sumiso para convertirse, como objetivo, en un elemento equilibrado del sistema.
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