Opinión | Historia de Marbella
Francisco moyano
Novilladas de San Bernabé
Marbella ha tenido tradición taurina desde tiempos inmemoriales, sobre todo, con motivo de las fiestas en honor del patrón

Imagen de una corrida de toros en Marbella. | L.O.
Desde tiempo inmemorial Marbella fue ciudad taurina con festejos organizados habitualmente en torno a la feria y fiestas en honor del patrón, San Bernabé, en el mes de junio. Lo tradicional era que la plaza principal o del Ayuntamiento (actualmente de los Naranjos) sirviese de coso para las capeas y novilladas.
En la década de los años veinte del siglo XX, el empresario José Otal Ferrando construyó una plaza de toros al este del paseo de la Alameda. No duró mucho tiempo porque, en parte, fue demolida para levantar del Teatro Principal, que también era sala de exhibición cinematográfica.
En los años cincuenta se instalaba una plaza portátil para la ocasión al sur del paseo de Alameda, en la playa cercana a la escuela del Pósito de Pescadores y del actual Puerto Deportivo Virgen del Carmen.
En 1964 se inauguró una plaza estable, que aún permanece, y unos años después otro ruedo en Nueva Andalucía. De algunas de esas novilladas de San Bernabé hay constancia detallada; por ejemplo, los dos festejos que se programaron para los días 12 y 13 de junio de 1957. En el primero actuaron los novilleros Manolo Segura y Miguel Mateo ‘Miguelín’, con cogida de un miembro de la cuadrilla.
La plaza portátil que se instaló contaba con capacidad para 4.000 espectadores. Se encontraba abarrotada. Las crónicas de la época destacan la gran afluencia de extranjeros, entre ellos el actor Peter Ustinov, que se encontraba en España rodando una película. Desde el palco presidencial asistió la reina de las fiestas, María del Carmen Rodríguez Gómez. Las reses fueron del ganadero malagueño José Quesada.
Manolo Segura fue un torero malagueño, destacado en su período de novillero, que tomó la alternativa en 1958 de manos del diestro Julio Aparicio, con Chicuelo hijo y Pérez de Mendoza como testigos. En el primer novillo consiguió solamente una ovación. En su faena destacaron pases por alto, molinetes, redondos de pecho, pedresinas (una invención del matador Pedrés, que sería uno de los diestros que inauguró la plaza de 1964) y manoletinas. Mató de estocada y pinchazo.
En el tercero desarrolló una extraordinaria faena con una pedresina de rodillas, pases por alto, afarolados, molinetes, manoletinas y malagueñinas. El público estaba entusiasmado. Resolvió con una gran estocada que le valió las dos orejas y el rabo, dando dos vueltas al ruedo.
El segundo novillero de la tarde, el murciano Miguel Mateo ‘Miguelín’, recibió la alternativa en 1958, de manos de Luis Miguel Dominguín y César Girón. Su primera res, nada más salir, arrancó de cuajo la puerta de los chiqueros y destruyó un burladero; detrás se encontraba el peón Paco Ortiz, que fue cogido, sufriendo una herida contusa de diez centímetros de extensión en la región lateral izquierda del vientre, de pronóstico reservado. Tras ser atendido de urgencia por el médico Antonio Maíz Viñals, fue trasladado a Málaga.
Miguelín consiguió lucirse con el novillo, arrimándose con valentía. Mató de una rotunda estocada con travesía. Fue premiado con las dos orejas y el rabo. No pudo lucirse con su segundo novillo y solamente obtuvo aplausos.
La novillada del día 13 contó con el atractivo de presenciar la lidia de la rejoneadora caballista Paquita Rocamora, pionera en la presencia de la mujer en la tauromaquia. En el momento de aquella actuación en Marbella contaba con 17 años de edad; había comenzado con 12. Se lució como jinete, pero no pudo obtener buenas faenas del novillo, que resultó peligroso. Recibió aplausos.
Se repitió la circunstancia del día anterior, con la cogida del banderillero Antonio Ortiz. Según el parte extendido por el doctor Maíz Viñals, sufrió una herida contusa en la zona escrotal, dejando el testículo al descubierto, así como diversas contusiones en la región inguinal, de pronóstico menos grave. Tuvo que ser trasladado en ambulancia a un centro hospitalario de Málaga.
El novillero Juan Muñoz en su primero realizó una breve faena, sin apenas comprometerse con el descontento del público. En el segundo, a pesar de matar con media estocada y dos descabellos, obtuvo las dos orejas y vuelta al ruedo.
Julián Ferrer logró lucimiento con su faena; mató de una estocada y dos descabellos. Como trofeos recibió ovación, una oreja y dos vueltas al ruedo. En un principio estaba previsto que solo Muñoz actuase con picadores, pero el segundo de Ferrer presentó mucha bravura y necesitó de la pica. Lo mató de media estocada y le cortó las dos orejas. Ambos diestros fueron sacados a hombros.
El capítulo taurino de aquella Feria de Marbella de 1957 se cerró con una razonable satisfacción de los aficionados. La afición, sin duda, era numerosa en la ciudad porque llenar el coso con 4.000 asistentes era destacable, dado que el número de habitantes de Marbella en aquel momento apenas sobrepasaba los 11.000.
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