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Opinión

Trump, de candidato al Nobel a carroñero

Ya han matado a 80 personas a bordo de embarcaciones venezolanas por supuesto narcotráfico. Así se las gasta el presidente que quiere ser adalid de la paz

Acosado por las revelaciones sobre su amistad con el chantajista abusador de menores Jeffrey Epstein, Donald Trump, pretende distraer a la opinión pública regresando a una vieja    especialidad de su país: la política de cañoneras.

Política que,    con el pretexto de la doctrina Monroe    -América para los (norte)americanos-, ha servido una y otra vez a Washington para derrocar gobiernos y expoliar recursos ajenos con cualquier pretexto. El pretexto que se ha inventado ahora Trump para intentar    un violento «cambio de régimen»    en Venezuela es bastante viejo pues a él ha recurrido la superpotencia en más de una ocasión: el narcotráfico.

El presidente venezolano, Nicolás Maduro,   es, según él, capo de una organización mafiosa que se dedica a enviar    drogas a EEUU con las que envenenar a su sana juventud. Trump no tiene que probar sus acusaciones: le ha bastado hundir veintiuna embarcaciones y asesinar a sus ochenta ocupantes, que se dedicaban supuestamente a la pesca y a los    que no se ofreció la posibilidad de probar su inocencia. Así se las gasta el autoproclamado aspirante al próximo Nobel de la Paz. Mientras tanto, ha enviado a aguas próximas a Venezuela al mayor portaaviones de su Armada, el que lleva el nombre del 38 presidente de EEUU, Gerald R. Ford,    en una clara maniobra de intimidación, previa a un eventual    bombardeo del país suramericano. La operación se llama Southern Spear, que significa Lanza del Sur. ¡Cómo les gusta a los estadounidenses dar nombres rimbombantes a sus acciones bélicas! Según el ministro de la Guerra, Pete Hegseth, la misión es «eliminar definitivamente el narcotráfico de nuestro hemisferio y proteger a nuestra patria de las drogas». Según el ex oficial de submarinos Bryan Clark, que trabaja actualmente para el think tank conservador Hudson Institute, Trump va en serio y atacará Venezuela a menos que dimita Maduro, por cuya cabeza ha ofrecido 50 millones de dólares: ¡como en los tiempos del Lejano Oeste! El Gobierno venezolano califica la proyectada operación estadounidense de claramente «imperialista» y el Parlamento venezolano ha publicado una ley de defensa integral de la nación, que coloca bajo un mando único a las Fuerzas Armadas, a la policía y a la población. Caracas ha movilizado a 200.000 militares y ha preparado al país para una guerra de guerrillas en caso de invasión. Mientras tanto, su    ministerio de Asuntos Exteriores criticó al portavoz de la ONU, Stéphane Dujarric, por pedir a las dos partes una «desescalada del conflicto». Venezuela no amenaza a nadie, dijeron fuentes de Caracas, mientras que es Estados Unidos quien    «la ataca».   

¿Tienen por cierto algo que decir los gobiernos europeos? ¿O es eso lo que llaman «el orden internacional basado en reglas»?

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