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Opinión | El jugador número 13

Por otra vía

En el Unicaja que nos ocupa, o tenemos paciencia o corremos el riesgo de hacer la transición en este cambio de ciclo actual de una forma errónea

Gesto de rabia en el partido contra el Casademont.

Gesto de rabia en el partido contra el Casademont. / ACBPhoto

En las cosas que más o menos se aprenden mientras se observa este deporte al paso de los años, es eso de esperar un tiempo antes de evaluar un proyecto. Sé que no es algo muy extendido, sobre todo viendo cómo caen entrenadores o jugadores a la primera racha negativa que viene. De todas formas, evaluar a todos los equipos de la misma manera se pone algo difícil por la falta de simetría entre las competiciones, exigencia, presupuestos o la historia reciente.

En el Unicaja que nos ocupa, o tenemos paciencia o corremos el riesgo de hacer la transición en este cambio de ciclo actual de una forma errónea porque el cambio no sólo es profundo, sino que, además, difícilmente va a permitir que no haya decepciones.

Desde la historia negra reciente, ya saben, los años inmediatamente anteriores al cambio de presidencia y a la llegada de Ibon Navarro al banquillo, la masa de aficionados que había desertado de la grada por obra y gracia de la degradación paulatina vivida esos años se ha vuelto a incrementar, pero con un nivel de exigencia en consonancia con los títulos obtenidos y el crecimiento que de nuevo ha tenido el club.

¿Pero qué nivel de exigencia es el lógico? ¿Ponemos el listón en exigir títulos porque es la pauta de estos años? ¿Decimos que hay que poner los presupuestos (que no se conocen de manera oficial y que sólo podemos hacer conjeturas) y decir que ambas posiciones han de ir de la mano?

Tras el sopapo recibido en Andorra, en la BCL el partido contra el Mersin se solventó de manera adecuada, cosa que al equipo le viene bien, a pesar de la bajada de nivel que suponen los rivales en la primera fase de esta competición, pero yo no pienso que los turcos sean un equipo inferior a los que entrena Joan Plaza salvo en el banquillo, ya que creo al exentrenador cajista mejor que Can Sevim, pero lo que quedó claro, es que el Unicaja compareció en Turquía a diferencia de lo que hizo en Andorra.

El partido de la última jornada ACB en Zaragoza me puso por delante a un Unicaja diferente, capaz de gobernar el partido en gran parte del mismo y que casi se fue por carencias que siguen diciendo que falta aún muchísimo trabajo para conseguir el nivel que se pretende.

Al final, final feliz de esa manera que te gusta si eres aficionado. Te quedas con la victoria conseguida a base de tirar más de corazón que de talento y que la cabeza quedaba lejos de lo que se fue viendo durante el partido.

Con 43 tiros libres y 58 personales no se puede pretender que el encuentro fuera para grandes virtuosos y que el Unicaja, en su peor momento, tuviera el cambio necesario con el tapón de Kendrick Perry sobre Trae Bell-Haynes como muestra superior de fe. Luego, que las cuatro últimas canastas del Unicaja en el partido fueran triples resolvió de forma extraña un partido en el que el Unicaja capturó 9 más rebotes que el equipo que más capturas hace en la Liga.

Y digo de manera extraña porque todos esperamos que el equipo gane ante según qué rivales y mucho más si el transcurso del partido dice que va por delante durante la mayoría del tiempo, pero hay demasiadas cosas pendientes en esta versión. Sobre todo, porque la regularidad que se exhibía era algo que se consideraba natural, pero lo cierto es que todo sale desde el trabajo porque, pese al talento de los jugadores, o se termina de complementar con el trabajo y el esfuerzo o pocos resultados se sacan y a día de hoy se echan de menos a varias piezas y no, no son los que se marcharon.

Es mi opinión. Si se acerca la regularidad al rendimiento de James Webb III y Emir Sulejmanovic y se consigue que aparezcan Chris Duarte y Xavi Castañeda sería todo lo que se esperaba de la versión de este grupo porque los problemas vienen más porque los nuevos tienen su rendimiento lejos de lo que les hizo llamar la atención para que vinieran a Málaga.

Todo esto, irregularidad de rendimiento o inexistencia en alguno de ellos, además de las lesiones, algo consustancial a cualquier deporte, hace que este Unicaja tenga más cerca ganar por carácter individual, recorte en la rotación y aplicar algo sencillo: jugará el que esté en algo más que de cuerpo presente.

Pese a lo retorcido de la última expresión, esto es lo que hay a mediados de noviembre con apariciones en modo heroico más que fruto de un trabajo que paulatinamente muestra sus avances, los cuales seguro que aparecerán, pero de momento cuestan más ir lográndolos.

Aparentemente, los problemas empiezan a paliarse pronto con la probable llegada de Augustine Rubit, jugador veterano, con dilatada experiencia en Euroliga, pero que este año ya ha disputado más del doble de partidos (16) de los que jugó entre las dos temporadas anteriores porque antes de llegar a Lietkabelis para disputar la Eurocup y la Liga de Lituania, dos partidos en Rostock y cinco en Kuwait hablan del peaje pagado por una lesión en el tendón de Aquiles. No se cuenta que sea una revolución, más bien una pieza que palie la ausencia de David Kravish.

Pues con esto y con el horizonte del parón por ese timo de las ventanas FIBA tras el partido ante el BAXI Manresa, toca pensar si el Unicaja de vuelta a la competición en diciembre en Lleida sólo tendrá una novedad, pero eso pertenece a otro frente.

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