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Opinión | Málaga de un vistazo

Monte de Gibralfaro

Si aludo a la montaña mágica, Málaga tiene la propia: el monte de Gibralfaro

Málaga desde el Monte Gibralfaro

Málaga desde el Monte Gibralfaro / ÁLEX ZEA

Llega el frío. Esta frase conmueve e impacta en esta ciudad cálida donde el frío ártico dibuja una representación gélida de una bahía milenaria; se traza como la obra ‘País de nieve’ de Yasunari Kawabata; lo podemos percibir en ‘Nieve’, del narrador turco Orhan Pamuk; advierte, para reflexionar sobre la edad como intemperie, en el ‘Diario de invierno’ de Paul Auster; nos hace pasmar en ‘La carretera’ de Cormac McCarthy. Esa sensación álgida se personifica en ‘El invierno en Lisboa’ de Antonio Muñoz Molina; la frialdad detalla la conciencia de la mente y el cuerpo versada en el poema ‘El frío’ de Vicente Aleixandre; ‘En Región’ de Juan Benet; evoca a ‘La montaña mágica’ de Thomas Mann. Dice un amigo: el color de la primavera está en las flores; el del invierno, en la imaginación. Máxima la cual sugiere que con el frío la belleza se halla en la capacidad para soñar y crear.

Si aludo a la montaña mágica, Málaga tiene la propia: el monte de Gibralfaro - del árabe, gíbal al-faruh, «monte del faro»-. Con una altitud de 130 metros, esta elevación fue el enclave en el cual los fenicios fundaron la ciudad de Malaka. Pese a circunvalar la capital, este espacio verde posee una interesante biodiversidad. Su zona forestal es de pino carrasco y eucalipto blanco fundamentalmente, a lo que hay que sumar matorral bajo. Referente a la fauna que habita este bosque, además de medio centenar de aves distintas, se avistan pequeños mamíferos: ratones de campo, musarañas e incluso ardillas. El Área de Urbanismo del Ayuntamiento ha adjudicado el proyecto de «renaturalización y reparación ambiental del monte de Gibralfaro». Una buena nueva para celebrar.

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