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Opinión | 360 grados

Bruselas, en busca de fondos para prolongar una guerra que se resiste a dar por perdida

Más tarde me enteré de que era secretario de Estado. Para mí, este sintagma no significaba mucho

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. / Olivier Oslet / EFE

En una Europa gravemente endeudada, Bruselas busca la forma de reunir los miles de millones de euros necesarios para ayudar a Ucrania a aguantar dos años más una guerra que se resiste a dar por perdida.

La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha presentado tres opciones que discutirán los dirigentes europeos en su próxima cumbre de diciembre.

Se trata, según von der Leyen, de «mantener la presión sobre Rusia» y negarle al presidente de ese país, Vladimir Putin, «toda esperanza de victoria» en el terreno de batalla.

La primera opción consiste en créditos bilaterales que podrían conceder a Kiev los países dispuestos a ello sin obligar a los demás miembros del club europeo.

De acuerdo con la segunda opción, la UE acudiría a los mercados financieros para captar esos fondos, que ofrecería luego a sus miembros en forma de créditos para inversiones en defensa.

Por fin, la última opción es la apropiación de los cerca de 190.000 millones de dólares en activos rusos actualmente congelados en el banco Euroclear, de Bruselas, en concepto de reparaciones de guerra.

Sería, sin embargo, la primera vez que se obligase a pagar reparaciones al país que gana una guerra y no al que la pierde. Y no parece que ese país vaya a ser Ucrania, con independencia de lo que digan von der Leyen y la mayoría de los dirigentes europeos.

Sucede, por otro lado, que Bélgica, el país que alberga Euroclear, tiene fuertes reparos a utilizar con ese fin los fondos rusos congelados por el daño que podría causar al prestigio de esa institución financiera.

El presidente francés, Emmanuel Macron, ha puesto en cualquier caso una serie de condiciones para recurrir a los activos rusos.

La primera es que ese recurso cumpla la legislación internacional y no se trate simplemente de confiscar dinero ajeno, sino de «un adelanto» de las reparaciones que se supone —y es mucho suponer— que tendría que pagar Rusia por la destrucción del país que ha invadido.

Tendría además que estar garantizado por el presupuesto de la UE y coordinado con los otros miembros del G7, el grupo de las siete economías más industrializadas del mundo, donde Estados Unidos lleva la voz cantante.

La tercera condición que pone Macron es que ese dinero se utilice primordialmente para comprar material de guerra europeo y en estrecha cooperación entre la industria armamentística del continente y la de Ucrania.

¿Se imagina uno que el Gobierno de Donald Trump fuese a dar el ‘sí’ a un acuerdo que no diese prioridad absoluta a las compras a la industria armamentística estadounidense frente a la europea, como quiere el francés?

Por lo pronto, el Gobierno de Pedro Sánchez ya ha prometido a Kiev un nuevo paquete de más de 800 millones de euros. ¿No deberían estas cosas pasar antes por el Parlamento?

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