Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Viento fresco

¿El periodismo vale para algo?

Cuatro periodistas muy distintos le han dicho a los del Supremo que no fue el fiscal el filtrador. Ni puro caso. Es una sentencia también contra este oficio ya tan maltrecho

El fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz.

El fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz. / efe

El resultado del juicio contra el fiscal general del Estado incluye también una sentencia contra el periodismo. No tiene credibilidad, ha venido a decir el Supremo, con algún voto discrepante. Cuatro periodistas, no uno ni dos, cuatro, han declarado que tenían la información, los datos, antes que García Ortiz. Que él no los filtró. No los han creído.

Periodistas de distinto pelaje y de diversos medios. Algunos como José Precedo con una trayectoria de honestidad espectacular. Nada. Que no. El periodismo está tan maltrecho que quizá aún se quede en pie un rato sin acusar el golpe, de tantos como tiene encima.

En algún tiempo, como pasa con las contusiones, cuando se enfríe el músculo (¿le queda mucho músculo al periodismo frente al poder?) puede que el porrazo se note más y escueza y duela. Y cree precedente.

El fiscal debió dimitir por vergüenza torera y por higiene democrática y para salvar el prestigio de la institución. También para una mejor defensa. Pero se le condena sin unanimidad, casi al mínimo tiempo de inhabilitación posible y con indicios más que con pruebas. 7.000 euros de multa cuando se le pedían nada menos que 400.000.

Condenado está y además lo sustancial es que de una institución o cargo público (que maneja información privilegiada y sensible) no pueden salir datos destinados a hacer política. En el origen de todo esto hay un defraudador que va de víctima.

Se nos va la columna hacia el comentario de la sentencia o las consecuencias políticas pero en realidad queremos enfocar el asunto colateralmente aludiendo al ni puro caso que a los informadores les ha hecho el Supremo Tribunal. Entonces para qué los llama.

Incluso renunciando en parte al derecho a no revelar la fuente (dijeron cuándo les llegó la información) se les ha escuchado.

La Justicia no se cree al periodismo (ya trataron de que no se pudiera informar de las sentencias, lo que habría sido el fin del periodismo de tribunales) y el periodismo está ahora más en ver cómo sobrevive, cómo es necesario frente al marasmo de las redes y la IA. Escuchando gurúes. Distraidito.

Cuando puede ser decisivo lo ignoran. No lo temen, lo ignoran. Lo peor es que no lo respetan. Lo que dice un periodista ya no va a misa. Va a tribunales. Está condenado.

Tracking Pixel Contents