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Opinión | Notas de domingo

Málaga y sus secretos. Y Sergio Dalma

Miguel Ángel Aguilar narra sus días cuando la agonía de Franco y Rafa Porras con Moreno Peralta descifran la ciudad

Sergio Dalma

Sergio Dalma / L.O.

Lunes. «Cuando Franco murió, hubo gran incertidumbre: no había costumbre». Este texto de Julio Cerón, filósofo y diplomático español, sirve al periodista Miguel Ángel Aguilar para titular su libro, ‘No había costumbre’, una crónica en primera persona sagaz, irónica, rigurosa y con pulso. Jugosa. En un tomo breve. Narra la muerte de Franco y acontecimientos paralelos como la marcha verde que Marruecos organizó sobre el Sáhara (Aguilar y Pérez-Reverte, entre otros, fueron enviados especiales allí) o los fusilamientos últimos del franquismo. Aguilar era en el 75 redactor del semanario Posible, que pretendía competir con Cambio 16. Se incluyen anécdotas, como ese viaje en un Mini de cientos y cientos de kilómetros con otro periodista legendario: Pepe Oneto.

Martes. Yo es que no sé esa manía de la gente de no mandar un jamón en Navidad.

Miércoles. No es una guía de viajes. No se dice ni una vez, en ninguna página, la palabra paraíso. No es un ensayo estrictamente. Es una mirada. Una mirada a Málaga, a una ciudad que «a diferencia de otras muy cercanas, sí ha tenido suerte con sus alcaldes». Son palabras del periodista Rafael Porras, autor de ‘Málaga. Verso azul’, libro ilustrado por el gran Moreno Peralta, arquitecto y escritor, dibujante y humanista. El libro, editado por Tintablanca, de exquisita factura, un objeto para la felicidad, se inserta en una colección sobre ciudades. La presentación en el Picasso fue un éxito de público, gente de a pie y gente de coche oficial, culturetas, periodistas, empresarios, la Málaga crítica, la que busca respuestas. La Málaga lectora y la jacarandosa. El acto fue conducido por Manu Sánchez, un sevillano universal, encasillado en la comicidad y el humor (el más alto talento), poseedor de un gran nivel intelectual, saludablemente ajeno a pomposidades. Tres locuaces que dejaron un sinfín de aforismos sobre Málaga, pasado y presente. Por el libro de Porras, poético y a la vez con pulso periodístico, desfilan Manuel Alcántara, Ibn Gabirol y tantos. Se reivindicó a Pedro Aparicio, que puso los cimientos de la Málaga cultural y que reactivó el Teatro Cervantes. Sobrevolaba la pregunta de por qué tanta y tanta gente ha querido instalarse en Málaga a lo largo de la historia. No solo el clima. Es la gente, el ambiente, el aire de libertad. Con ese Torremolinos (tan parte de Málaga) que fue pionero en vivir y dejar vivir. En tiempos oscuros. El coloquio a tres fue un festín tras el que (previa pleitesía visual a la plaza de la higuera, a las puertas del auditorio del Picasso, el «rincón favorito» de la ciudad para Rafa Porras) había que tomarse un martini de mar.

Jueves. Café con un veterano funcionario del Banco de España. Vivencias, anécdotas y retranca. Al irme y estrecharme la mano: «Cambiarás de banco pero no de ladrón».

Viernes. Plató. Así es la tele. Lo mismo discutes de política que te topas con Sergio Dalma. El cantante ha hecho un disco con versiones de temas italianos y firma discos en mi ciudad. Coincidimos en los estudios de Canal Sur y charlamos un poco. No puede uno hablar con Dalma y no tararear mentalmente alguna cosa suya. Sobre todo esa en la que está pensando. Rapidamente se le arremolina un montón de gente que no sé de dónde ha salido. Firmas, selfies. Dalma es el famoso que me toca esta semana, la pasada fue Puigcorbé. A ver quién me topo la siguiente. Así es la vida, llena de encuentros casuales que lo sacan a uno de cierto ensimismamiento o cuajo. Dalma es amable y solícito y Toñi Moreno lo entrevista con gran cariño. No despojado de cierto atolondramiento, pese a la dosis de café, estoy a punto de irme con el maquillaje y el micrófono puesto. Pienso en la vida de los artistas. En ese ir y venir, en cómo compaginar los momentos álgidos de fama y éxito con los de bajón, parón, postergamiento. Yo es que soy muy de pensar cuando me encuentro a alguien. Le enseño la foto a Amaya. Veredicto: se nota claramente que tú eres más alto. Bien. Propongo vermú. Por la euforia.

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