Opinión | Arte-Fastos
Cuando la Naturaleza se torna sombría
Las fotografías de Erik Möller, en el Cortijo Miraflores de Marbella, muestran una visión subjetiva pero con implicaciones globales

Una de las imágenes de la muestra de Möller / E.M.
Afirma Roland Barthes que los artistas, antes de llegar a ser conocidos, deben pasar por un ligero purgatorio «mitológico»: primero hay que poderlos asociar a un objeto, una escuela o una moda de las que, para la opinión pública, sean fundadores, testigos o símbolos; y todo ello por nuestra necesidad de «poderlos clasificar cómodamente, adscribirlos a un nombre común». Tras visitar la muestra fotográfica de Erik Möller (Hamburgo, 1967) en el Centro Cultural Cortijo Miraflores, de Marbella, podemos constatar que ese «nombre común» recae sobre la Naturaleza como objeto de representación; un entorno cuya observancia no se detiene en la mera topografía o sentimiento inefable, sino en el registro de secuelas (positivas o negativas) o repercusiones de la acción u omisión humana, que advierten de un espacio dado a accidentes medioambientales o derivados de un consumismo descontrolado.
Con este planteamiento, no es de extrañar que esta individual, la primera de Möller en España, haya sido auspiciada por el Proyecto Cobachotix, dirigido por la influencer y reportera freelance Eva Gálvez, que fomenta propuestas artísticas de marcado carácter sostenible por toda la provincia. De resultas, la treintena de fotografías seleccionadas por el comisario, Pedro Molina, responde a la urgencia contemporánea por redefinir el hábitat que queremos, en qué condiciones, y si es compatible con una práctica ético-estética. De ahí el título de la muestra, 'En el espacio habitado', que recoge diversos escenarios, rurales y urbanos, exponentes de una visión subjetiva, pero con implicaciones globales y claramente orientada a un cambio de paradigma, social y económico, en nuestra relación con el mundo.
Estrategias
A fin de maximizar la repercusión del mensaje, diversas estrategias incrementan la carga conceptual y semántica: uso casi exclusivo del blanco y negro; ausencia de títulos y cartelas; diversos formatos (incluido un sorprendente 120 x 90 mm.); soportes inesperados (madera, lienzo, aluminio); medios audiovisuales (proyector, visores); vitrinas verticales y paneles (al inicio del recorrido expositivo) que combinan fotografías y textos, también del propio autor, a modo de reflexiones filosófico-metafísicas sobre inquietudes vitales ('Aprende', 'Inerte bajo mis pies', 'Ni una sola gota').
Estas confidencias ilustran una galería de imágenes que nos introducen «en la dimensión soportable de lo que queda», es decir, un medio natural calcinado por incendios («un paraíso regalado a las llamas») o depósito de residuos. Pero Erik Möller no ofrece una visión pesimista, sino repleta de interrogantes; por lo que esos nocturnos misteriosos, semejanzas antropomorfas o analogías sentimentales que pueblan sus «espacios habitados» (en apariencia solitarios) indican una Naturaleza insólita y acechante, magnánima o terrible, y lo más grave (o esperanzador): inevitablemente ligada a nuestro futuro. Aunque todavía no queramos verlo.
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