Opinión | Tribuna
Nunca es tarde para la cultura
Celebro que, en mitad de tanta bazofia digital y al margen de los mal llamados creadores de contenido en la red, los proyectos culturales dignos de ese nombre conserven algún espacio

El escritor David Uclés. / L. O.
Goebbels no llegó a pronunciar la famosa frase: «Cuando oigo la palabra cultura, saco la pistola». Pero cuadra tan bien con el (siniestro) personaje, que se la han atribuido en un montón de ocasiones. Y con razón. Uno de sus once principios de la propaganda, el de vulgarización, dice: «Toda propaganda debe adaptar su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar».
Y, claro, eso conecta con la certeza de que una sociedad sin cultura se convierte en algo manipulable y dócil. Por eso celebro que, en mitad de tanta bazofia digital y al margen de los mal llamados creadores de contenido en la red, los proyectos culturales dignos de ese nombre conserven algún espacio. En estos días tan propicios para mirarnos en el espejo de la historia, dos ejemplos de cómo el teatro y la literatura pueden interpelarnos.
No creo que existan muchas dudas sobre que La península de las casas vacías es el fenómeno literario del año; su autor, David Uclés, quien, por cierto, acaba de huir de X harto de insultos, ha extendido su personal realismo mágico a un pódcast, titulado Las cuatro heridas, donde analiza el antes, el durante y el después de la Guerra Civil. El compendio de voces, reflexiones, debates y experimentos sonoros lo convierten, a mi juicio, en un artefacto cultural imprescindible.
Ahí, por cierto, en Las cuatro heridas, asoman algunos de los actores de 1936, el gran aldabonazo teatral del momento. Su director, Andrés Lima, desgrana durante más de cuatro horas un relato donde coinciden el horror de la guerra, las conspiraciones para cargarse la República, las traiciones de los militares golpistas, las miserias de la política y la vergonzosa renuncia de las grandes potencias a enfrentarse al fascismo. La duda es si todo ese bagaje cultural puede plantar cara a la ola revisionista y reaccionaria que nos invade, tras décadas de absentismo político, educativo y social. Yo aún confío en que sí. Porque nunca es tarde para la cultura.
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