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Opinión | La libreta del duque de Chantada

Augustine Cuero Rubit, el jugador inesperado

Rubit ha logrado muchas victorias en su vida que pocos esperaban por el entornos tan problemático en el que se crio en Houston

Presentación del nuevo jugador del Unicaja CB, Augustine Rubit

Presentación del nuevo jugador del Unicaja CB, Augustine Rubit / Álex Zea

Con 12 años casi no hablaba, no lloraba, se escondía. Su madre Kimberly entraba y salía de la cárcel. Volvía a casa prometiendo días mejores, pero luego desaparecía dos o tres días para volver aturdida o drogada. Su hermana mayor, Lorraine, que con 19 años ya era madre de dos hijos, le pedía explicaciones, pero el pequeño Augustine no decía nada. «No es que estuviera enfadado. Simplemente, no lo entendía. Solo quería ver a mi madre», le cuenta a Eamonn Brennan en ESPN.

En sexto grado, los profesores empezaron a preguntarle por su familia. Su hermana Lorraine podía hacer de madre en casa, pero no podía firmar los documentos oficiales. Para evitar que lo acogieran los servicios sociales faltó todo el año a clase. El razonamiento era sencillo: «Si no voy a la escuela, no podrán llevarme». Increíblemente, diez años después se graduaba en Comunicación en la Universidad de South Alabama.

Su hermana había vuelto a tomar una vez más las riendas y lo dejó bajo la tutela de los servicios sociales. «Me dolió muchísimo, no lo estaba abandonando, pero después de un año sin ir al colegio era necesario». Su madrina Doris Brown se hizo cargo del pequeño Augustine, volvió al colegio y en noveno grado, 3º de la ESO, comenzó a destacar en el baloncesto. Ahí aparecieron los Trauber.

Rubit, en el Carpena

Rubit, en el Carpena / Álex Zea

Steve Trauber es un alto ejecutivo, antes de Citibank y ahora de la banca de inversión neoyorquina Moelis, que se ha gastado millones de dólares de su patrimonio personal en Houston Select. Un proyecto que comanda con su mujer Leticia para dar una oportunidad a los jóvenes más talentosos con entornos problemáticos de Houston. Leticia llevaba y recogía a los niños en los barrios más degradados de la ciudad para que llegaran sanos y salvos a casa. El pequeño Rubit era especial y pronto se convirtió en uno más de su familia. Ellos le guiaron hasta la universidad y en la vida. Se convirtieron en su segunda familia.

Su expediente «El peor de la preparatoria de Houston», recuerda Steve, no fue un obstáculo. Los Trauber le consiguieron un tutor, lo matricularon en clases nocturnas, en un curso de verano y se sentaban con él antes y después de los entrenamientos para que consiguiera la nota necesaria para acceder a la universidad. Ellos le fijaron unas metas y Augustine las cumplió. «Le dijimos que el baloncesto era un medio para conseguir un titulo universitario. Nunca pensamos que pudiera jugar así» y Rubit cumplió. A pesar de las ofertas para ser profesional, acabó su ciclo universitario. «Voy a obtener mi título», les decía a los agentes que le llamaban.

De manera paralela, fue ayudando a su familia convirtiéndose ahora en el protector de todos ellos. Su hermana Lorraine logró con 31 años su título universitario, y su madre Kimberly ganó su batalla contra la cocaína en 2002 y está limpia. Rubit ha logrado muchas victorias en su vida que pocos esperaban. Un destino que probablemente se leía en su nombre. Augustine, que significa «aquel que aporta conocimiento o valor». Cuero, que tiene como características principales la resistencia, la durabilidad y la flexibilidad. Y por último Rubit, que en ruso significa «cortar». Toda una declaración de intenciones de un jugador que si consigue adaptarse al ecosistema creado por Ibon Navarro en Unicaja, puede ser uno de los grandes protagonistas de esta temporada. Carpe Diem...

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