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Opinión | Viento fresco

Belarra contra el rascacielos

La dirigente de Podemos apela a Pedro Sánchez. Está Sánchez como para torres

Ione Belarra, ayer en el Club Siglo XXI de Madrid.

Ione Belarra, ayer en el Club Siglo XXI de Madrid. / Javier Lizon

Éramos pocos y opinó Belarra. La secretaria general de Podemos no quiere la torre del Puerto y ha escrito a Pedro Sánchez para que la pare. Pedro, no tienes fuerzas para construir un presupuesto, ni te vamos a ayudar a ello, pero tienes que derribar un rascacielos.

Belarra es feminista, no le gusta nada la marca más simpática de supermercados, deslenguada, faltona y de fuertes convicciones. Jiménez Losantos la llama la niña de la curva, pero Losantos está en retirada y ya no acude a predicar a las seis de la mañana. Ni a las siete. Sus feligreses han de esperar ahora a las ocho.

Belarra en cambio es joven, aunque corre el riesgo de que sus ímpetus se queden sin canalización, sin partido. Ahora está en Podemos, pero no se sabe muy bien si además de Pablo Iglesias, Irene Montero y ella misma, la otrora influyente fuerza morada tiene muchos más apoyos. Ni siquiera Pablo Echenique, que ruega para que alguien le haga caso, parece seguirles el juego.

Puertos del Estado ha devuelto el expediente de la torre para que sus promotores refuercen lo del interés social. Es como cuando un editor te devuelve el manuscrito de una novela instándote a que refuerces el carácter rudo del protagonista o la sensualidad de la prota o el conflicto entre dos personajes.

Está Pedro Sánchez para torres. Con lo que tienen encima, y debajo, y al lado, y coaligado, no creemos que el cipotón del puerto sea una preocupación para él ni que esté al tanto de nada. Tal vez Belarra le haya abierto los ojos, que en el Peugeot debió tenerlos muy cerrados, y ahora el presidente esté en Moncloa estudiando el proyecto y preguntando por Chipperfield. Alguien le habrá aclarado ya que no es un tipo de sofá ni una marca de tabaco. A la torre del Puerto le han puesto en los pilares una belarra cuando aún no ha comenzado a erigirse. El asunto se politiza. Aún más. Cualquiera sabe qué Gobierno hay el día que un Consejo de Ministros haya de dar el placet o la negativa.

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