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Opinión | Al azar

Vilaplana y Mazón a las 19h. 37m. 45s.

Sus verdades alternativas han obligado a los periodistas, más perros guardianes de la democracia que nunca, a reconstruir un minutaje sin precedentes desde el 23F o el 11M

Carlos Mazón y Maribel Vilaplana comieron en El Ventorro la tarde de la dana del 29-O en València.

Carlos Mazón y Maribel Vilaplana comieron en El Ventorro la tarde de la dana del 29-O en València. / L.o.

Carlos Mazón y Maribel Vilaplana han mentido tanto sobre la jornada que disfrutaron encerrados en sí mismos que ni siquiera está claro que compartieran cinco horas a solas, mientras Valencia se inundaba a su alrededor como en ‘El final del affaire’. La teoría de la conspiración consistiría en defender que estos dos náufragos nunca se encontraron, y que solo se aliaron para compartir una coartada. En la realidad enlutada, y por si la jueza de Catarroja no tuviera suficiente trabajo para aclarar la muerte de 229 personas, también se ve obligada a exigir fotos del reservado de un restaurante y del menú de la última comida antes del calvario. Donde la única revelación es que pagaron el banquete del Ventorro a precio de menú. O de presidente de la Generalitat.

Todo el mundo recuerda dónde estaba cuando se enteró de que Kennedy había muerto, pero Mazón y Vilaplana han dado más versiones de su emplazamiento que una película de Christopher Nolan sobre el multiverso. Sus verdades alternativas han obligado a los periodistas, más perros guardianes de la democracia que nunca, a reconstruir un minutaje sin precedentes desde el 23F o el 11M. Se sabrá donde se encontraban el expresidente y la comunicadora a las 19 horas, 37 minutos y 45 segundos de aquel martes, pero ni así se recuperarán de la desmemoria.

Mazón contraataca que preguntarle por sus andanzas el 29-O es machismo, una definición que confirma en qué consistió la sobremesa más larga desde la moción de censura a Rajoy. Y por supuesto que existe un aroma de culebrón, en el estupor ante la irresponsabilidad de un gobernante que privilegió sus relaciones personales a su papel institucional. Sin embargo, la extraña pareja ha contribuido paradójicamente a anclar la tragedia en el imaginario colectivo del país. La desfachatez de dos mentirosos irredentos ha iluminado la dimensión de la dana. Koldo y Ábalos necesitan al menos la mentira para salvarse ante los tribunales. Hay comensales del Ventorro que ni siquiera disponen de esa excusa.

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