Opinión | La vida moderna merma
Veinte años contando Málaga
Canal Málaga sirve como memoria audiovisual de la ciudad. Lo que hoy puede parecer pequeño, dentro de 10, 20 o 30 años, será parte del archivo colectivo de Málaga

Fiesta del 20 aniversario de Canal Málaga / La Opinión
Durante estos meses, en nuestra ciudad resuena un murmullo de gratitud en torno a Canal Málaga. Cumplir 20 años no es poca cosa y más aún en el ámbito de la comunicación. Dos décadas reflejando Málaga, su vida, su drama y su alegría. Y pocas instituciones lo han hecho con la constancia, dedicación y proximidad que ha demostrado la familia de los micros azules.
Málaga es una ciudad viva, cambiante y frenética. Hay éxitos culturales y deportivas, reivindicaciones sociales, noticias de urgencia, celebraciones, tradiciones y tragedias. Y a veces, en ese vértigo, lo que se echa de menos es una mirada paciente, local, que no venga condicionada por audiencias, fórmulas comerciales o por lo rentable y lo que más vende. O lo que es lo mismo: la importancia esencial de un medio público municipal.
Canal Málaga no es un canal cualquiera. Es nuestro altavoz local. Allí donde ocurre algo, aunque a ojos de la mayoría no sea gran noticia, aparece una cámara de ellos. Esa constancia es un valor que los medios privados, con sus limitaciones operativas, no siempre pueden permitirse. Pero con los medios públicos ese agujero se cubre y siempre hay alguien con la máquina encendida cuando nace una exposición de barrio, se inaugura un centro social, una procesión recorre las calles o unos vecinos alzan la voz por algo. Y esa presencia diaria, discreta y constante, queridos amigos, hace de Canal Málaga un archivo audiovisual de la ciudad que se traduce en un patrimonio colectivo.
Pero no basta con celebrar. También hay que poner en valor lo que hay detrás. Y detrás de Canal Málaga hay personas, compromisos y nombres que merecen reconocimiento.
Como toda empresa periodística —y más aún si se trata de una pública—, Canal Málaga ha pasado por distintas etapas. Con cada director, con cada equipo, se fue moldeando su identidad, pero siempre con el mismo norte: Málaga.
Hoy, bajo la dirección del Fernando del Valle, Canal Málaga mantiene esa coherencia. Y es que Fernando procura que estén presentes en todos los momentos clave de la ciudad con seriedad, formalidad y profesionalidad al más alto nivel se trate de lo que se trate. Esa dedicación no es anecdótica y es que subraya lo que ya sabemos: que un medio público local tiene la obligación —y la nobleza— de estar allí donde otros quizá no llegarían. Compromiso este que, al menos desde que conozco algo de estos universos, se llevaba en perfecto estado de revista con Fátima Salmón y que Vanessa Martín Alloza. Dos mujeres brillantes a las que esa casa tiene tanto que agradecer y que solamente el tiempo podrá acomodar.
Pero sí hay una figura que merece ser destacada como pilar fundamental de este canal -bajo mi punto de vista personal y criterio propio- esa es la Santi Souvirón. Periodista entregado, moderado y cercano siempre. Su voz —y su aterciopelado rostro cetrino— se han convertido en marca de la casa. Santi es la cara amable de un medio que aspira por sistema a ser de toda la ciudad. Es su ministro de exteriores. La persona a la que muchos acuden de distintos ámbitos para consultar si es posible alguna gestión y siempre -absolutamente siempre- está pendiente. Su figura está presente en los grandes eventos y programaciones de la casa. Nos acompañó en fin de año, nos acerca la Semana Santa -Con su exitoso programa Málaga Santi- o la Cabalgata de los Reyes Magos y es quien sostiene el timón siguiendo las estudiadas rutas de Del Valle.
Con gente como Santi, con una dirección comprometida como la de Fernando y con equipos que se mueven con dedicación y sin aspavientos -daros todos por besados-, Canal Málaga ha construido más que un canal de televisión y radio: ha tejido un lazo con la ciudad, dando presencia a lo local para registrar para siempre nuestra historia reciente. Vivimos en una era de sobreinformación, de competencia feísima, de grandes audiencias, de clics y métricas que parecen ser palabra de Dios. Los medios nacionales o comerciales pueden fijarse en grandes titulares, en incendios, en éxitos, en escándalos. Eso deja huecos —y esos huecos afectan a lo que realmente construye comunidad: la vida diaria de las pequeñas historias.
Los medios públicos, si se gestionan bien, pueden cubrir esos huecos. Y Canal Málaga lo demuestra estando donde hay un acto cultural, un barrio que inaugura, una cofradía que celebra, un colectivo vecinal que protesta o un artista local haciendo algo extraño pero que hay que atender. Esa presencia cotidiana es el termómetro de una ciudad viva.
Además -y así lo pudimos ver en la gala conmemorativa de su aniversario- Canal Málaga sirve como memoria audiovisual de la ciudad. Lo que hoy puede parecer pequeño, dentro de 10, 20 o 30 años, será parte del archivo colectivo de Málaga. Cada programa, cada noticia, cada cámara encendida es un testimonio de lo que fuimos, de lo que vivimos.
Ahora es momento de celebración y darles las gracias, pero también quizá llegue una etapa de reflexión. ¿Qué viene ahora? ¿Cómo seguir siendo útiles? La gala en el Palacio de Ferias sirvió de carta de presentación de algunos retos como la modernización tecnológica, la expansión en formatos digitales y la adaptación a nuevas audiencias. Esa voluntad de renovación es buena señal siempre. Pero por encima e todo quedará la amabilidad de la buena gente que allí echa sus horas. Desde quien maquilla hasta quien realiza, controla sonido, monta una mesa o edita en la radio.
Ojalá siempre, llegue quien llegue, se siga cuidando y manteniendo este proyecto con cariño, exigencia y respeto. Porque Canal Málaga no es un medio cualquiera. Es nuestra historia. Nuestra voz. Nuestra memoria. Y en ese empeño colectivo radica su valor más grande.
Este aniversario no es solo una efeméride sino una ocasión para dar las gracias, para valorar lo que tenemos y para reivindicar lo local con la certeza de que, mientras haya una cámara dispuesta, Málaga seguirá contándose a sí misma.
Gracias por estar. Siempre.
Viva Málaga.
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