Opinión | Viento fresco
Las croquetas estaban regulá
Antes de escribir una columna sobre las comidas navideñas hay que reservar, y lograr sitio, para celebrar una comida navideña. Difícil a estas alturas

Las croquetas estaban regulá / L.O
Antes de escribir una columna sobre las comidas y cenas navideñas habría que encontrar un sitio donde celebrarlas. Lo normal es que a estas alturas, la aplicación o la voz del encargado al otro lado del teléfono emita una risita cuando le preguntas si puedes reservar para quince un día cualquiera. Incluso para cuatro.
Alguien se ha entretenido en hallar la media de lo que cuesta un menú por persona en comidas de empresa o familiares en los restaurantes. Lo habrá hecho mientras los demás comen: 48 euros. Hay a quien se le multiplica ese gasto, 48 por tres, 48 por dos, según los compromisos y hay quién no tiene ni empresa ni familia ni dinero ni perrito que le ladre. A ver cuánto tardamos en organizar comida para mascotas.
Luego están las cuchipandas gratis, por la cara, la que paga la empresa (las hay que convidan a sus empleados), la que paga tal o cual asociación, ente o cofradía. Las típicas «nos gustaría que nos acompañaras en una copita navideña». De esas de las que la gente sale satisfecha pero poniéndole pegas a las croquetas. Siempre hay alguien al que el jamón le ha parecido muy bueno y el que proclama en una mezcla de austeridad, cuajo y justificación: «Hablando, hablando, al final no he comido nada». Las fechas que primero se petan, a decir de los hosteleros, son el 12, el 13 y el 19 de diciembre. Mientras está usted leyendo este artículo hay un señor que sopesa no desayunar para aprovechar y amortizar mejor los 48 euros. Otro está negociando en nombre del grupo de comensales si la barra libre es libre o está atada a un precio excesivo. Hay comidas de empresa que simulan a una boda, otras son un funeral, en algunas la cosa se fastidia al segundo chupito del jefe de personal y el colmo de un camarero es tener comida de Navidad el día que libra. El aumento de la facturación del sector hostelero podría ser según algunas fuentes de un 2-3 por ciento, algo así como si pidiéramos más vino pero sin más vino. Y luego está la gran decisión de menú: el mundo se divide en dos, los que eligen salmón y los que prefieren solomillo. Afiliese a un bando, hombre. Tome partido. Y postre.
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