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Opinión | Viento fresco

Venga, dame un décimo

El día de la Lotería se acerca: con él, ilusiones, decepciones, gasto y ese soniquete entrañable de los niños de San Ildefonso

Señera administración lotera.

Señera administración lotera. / efe

Se acerca el día de la Lotería. Lleva uno los décimos imprescindibles, que ya son demasiados. Lotería preventiva: esa que compras por si acaso le toca a los demás. Lotería de la empresa, del bar, del grupo de amigotes. La ilusión, las bromas, seremos millonarios. Llegan los anuncios lacrimógenos, la alegría de compartir. Hay quien se obsesiona y piensa y sueña con números que luego tiene que ir a comprar. Al hombre osado, la fortuna le da la mano, dice el aserto popular, si bien para muchos la osadía mayor es comprar y comprar Lotería aún a riesgo de tener que alimentarse en enero de pan con mortadela. Los niños de San Ildefonso templan la voz, que resonará el día 22 por las emisoras cuyo sonido se irá colando por hogares donde se desayunen churros, oficinas dónde Pérez haya traído anís, asilos, cuarteles y hasta conventos.

El día de la Lotería trae recuerdos de padres comprando el periódico en edición vespertina, «lista tomada de oído», abuelo con gafas en mesa amplia con todos los décimos esparramados, un café y la citada lista que va siendo comprobada por ve si ha tocado el Gordo, la pedrea, un premiecito «para tapar agujeros» o un mojón bien grande. Los periódicos traen las cifras de gasto medio por español en Lotería, una estadística curiosa para los coleccionistas de estadísticas, que estadísticamente no sabemos cuántos son aunque haya estadísticos, que no estadistas, tratando de averiguarlo.

«Te ha tocado la Lotería», se le dice a alguien metafóricamente cuando le sucede algo bueno. Hay quien sólo se acuerda de la Lotería cuando truena y el 22 nos acordamos de los amigos que no nos acordamos nunca por ver si son millonarios, convidan a algo o seguimos sin tener contacto. No tener contacto con alguien que se aprecia es también una forma de amistad, es el roce el que hace la disputa, por mucho que también propicie a veces el cariño. O el encame y la coyunda, incluso. Comprar Lotería es invertir en ilusión, sin que esta frase sea como hacer una oposición a que te contraten como publicista en Loterías. Por ahora, eso no toca.

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