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Opinión | Crítica

Málaga

Haendel y su inmortal Mesías inaugura la Navidad en Málaga

Ensayos de la Orquesta Filarmónica de Málaga

Ensayos de la Orquesta Filarmónica de Málaga / L.O.

El tradicional abono de Navidad de la Orquesta Filarmónica de Málaga ha tenido como protagonista al que es considerado el gran oratorio El Mesías de G. F. Haendel, una página universal que desde su estreno dublinés en 1741 no se ha bajado de los escenarios por su valor emocional y artístico. Su particular estructura tripartita, su cercanía e intención convierten esta obra en un invitado de este tiempo tan especial sea en versiones canónicas o participativas.

Para la ocasión la Filarmónica de Málaga ha contado con la participación -reforzada- de la Coral Carmina Nova confiada al maestro Michele Paccagnella y un cuarteto vocal balanceado encabezado por la iluminada soprano Jone Martínez, la intención de la Mezzo Gemma Coma-Alabert, la seguridad de la línea de canto del tenor andaluz Juan Sancho y un revelador instrumento como el del barítono Ferran Albrich.

Versión demasiado sincrética para ajustarse a un programa de unas dos horas de duración, lo que obligó a suprimir números y acortar arias da capo, tal y como sucedió el pasado jueves diecisiete. Una concesión quizá más orientada al público general que al melómano devoto —quien, afortunadamente, también frecuenta las butacas del Teatro Cervantes—, más habituado a este tipo de versiones reducidas. Contar con recursos artísticos de nivel es una garantía de solidez y en lo que respecta al elenco solista de este Mesías, queda la sensación de que se podría haber sido mucho más.

Fragilidad del conjunto orquestal en cuanto a emisión (que desequilibró la lectura a pesar del decisivo papel que tiene el conjunto en el oratorio) especialmente notable en violines sin trascendencia, fraseo y adornos, ajustadas violas, maderas empastadas como es habitual y soberbios metales. A lo que se añade la participación de la Coral Carmina Nova de la que cabe destacar el trabajo sostenido de tenores y bajos frente a unas inexpresivas contraltos. Un momento decididamente ausente fue el coro Since by man came death.

Es cierto que este tipo de propuestas atraen a un público más plural que acude a estas citas con curiosidad desconociendo parte de las convenciones propias de un concierto. En este sentido, y tampoco ayudó nada resulta llamativo la notable deriva que han tomado esta temporada los programas de mano de la Filarmónica de Málaga. Cuesta comprender cómo una firma de la talla de José Antonio Cantón se vea desplazada, reduciendo sus notas a apenas dos párrafos en favor de reseñas centradas exclusivamente en los logros y virtudes curriculares de los artistas.

El actual formato de los programas no solo transmiten transparencia sino también falta de criterio: sólo sirven para abanicarse. Una deriva más de esta insoportable crisis que viene arrastrando con todos sus afectos La Filarmónica de Málaga, flaco favor al buque insignia de la cultura de esta ciudad.

Volviendo al hecho musical -y subrayamos la idea de hecho musical- este último Mesías pudo ser mucho más en lo artístico en primer lugar por lo resumida de la versión que afectó decisivamente al elenco solista y en segundo por el mercado de folkloreo y otras hierbas en el que está cayendo la sala del Cervantes, donde solo importa llenar y de paso alimentar a un ego muy concreto, sencillamente es una absoluta falta de consideración.

El cristal de la soprano vasca Jone Martínez marcó momentos enmarcables de extraordinaria bella, sensibilidad y dominio del instrumento. Fraseo meditado con filados y adornos trabajados marcando diferencia y distancia al desarrollo del oratorio haendeliano. Aunque correcta Gemma Coma-Alabert firmó una versión discreta y a la que intuimos cierta incomodidad vocal.

Por su parte el tenor sevillano Juan Sancho mostró una madurez vocal revalidada en lo vocal con instante decisivos, mostró los nombres con los que acudía a este programa desde el inicio su Comfort ye, my people yEvery valley shall be exalted que abrían el oratorio fueron toda una lección de madurez y gusto musical adornos incluidos, seguridad que se vió revalidada en la segunda parte del oratorio y que desafortunadamente no pudo rematar en la tercera parte porque sencillamente el dúo O death, where is thy sting? fue víctima de la poda.

Cerraba el elenco solista la voz del barítono Ferran Albrich, sus participaciones denotaban precisión y una vocalidad generosa exquisitamente adornada con un momento de irresistible emoción como fue el aria The trumpet shall sound acompañado por la trompeta solista del maestro Ángel San Bartolomé antes de que el coro abordara Worthy is the lamb y la monumental fuga del Amen.

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