Opinión
Cartas al director
Cuarta planta [por Alfonso Moreno Olmedo, papá de Paula]
Llevo más de veinte años como servidor público, funcionario del conocido Cuerpo Nacional de Administración Local (secretarios, interventores y tesoreros).
En todo estos años he tenido la suerte de encontrarme con grandes profesionales, algunos de ellos de reconocido prestigio e intachable carrera profesional, y la gran mayoría fieles y diligentes en el cumplimiento de sus deberes profesionales.
"Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde" (Jaime Gil de Biedma). Pues bien, desde hace unos meses estamos atravesando por un duro y complicado proceso oncológico de nuestra hija de once años, con ingresos periódicos en el Hospital Materno Infantil de Málaga, así como numerosas visitas a consultas (presenciales) y pruebas médicas de distintas especialidades (analíticas, cardiología, resonancias, etc.).
En mi trayectoria profesional he tratado con un gran número de empleados públicos, tanto de la Administración General del Estado (Subdelegación del Gobierno), Junta de Andalucía (consejerías y delegaciones provinciales), entidades locales (Ayuntamiento y diputaciones provinciales) y demás organismos dependientes de ellas. Sin embargo, recientemente -pués así lo ha querido Dios- he conocido por primera vez de cerca al personal de la Administración Sanitaria pública, concretamente al del Hospital Materno Infantil de Málaga.
Como dijera el senador romano Cayo Tito: "Verba volant scripta manet" (las palabras vuelan lo escrito queda), por ello nuestra familia desea dejar constancia pública de nuestro profundo agradecimiento por el trato cercano, humano y afectuoso que está recibiendo nuestra hija y nosotros durante todo este proceso de curación por parte de personal médico, de enfermería, auxiliares y resto de personal sanitario y no sanitario de la cuarta planta del citado centro hospitalario.
Hemos podido apreciar en el servicio de Oncología los principios, valores y código de conductas que deben presidir toda actuación pública, del que debe ser acreedor todo servidor público que quiera ser considerado como tal: empatía, vocación, formación, eficacia, eficiencia, accesibilidad a médicos, ser tratado con respeto y deferencia, el uso de un lenguaje claro y comprensible a los pacientes y familiares en cada una de las actuaciones llevadas a cabo por médicos y enfermeras.
Quisiéramos, desde la gratitud y la experiencia vivida, romper una lanza a favor de la Sanidad Pública malagueña, especialmente en un momento en que se proyecta (licitado a la fecha) el "tercer hospital" tan demandado y necesario. Ello, sin perjuicio de la sanidad privada, que ha crecido notablemente en Málaga en los últimos años, que considero complementaria y útil de aquella, como materialización real y efectiva de la colaboración público-privada, instrumento para la reducción de listas de esperas, así como para existencia de sinergias en el ámbito de la formación e intercambio de experiencia profesional de las distintas especialidades de todos los centros hospitalarios de la provincia de Málaga, tanto publicos como privados.
Deseo traer a colación y recordar las palabras que nos dirigió el profesor Jaime Rodríguez Arana, catedrático de Derecho Administrativo y por entonces director del Instituto Nacional de Administración Pública (INAP), con ocasión de nuestro nombramiento como funcionario de carrera del cuerpo nacional. Nos animaba a no olvidar el primer principio que debe presidir todo actuar de la Administración y por ende de su personal, conforme a la enunciación y listado de principios del artículo 103 de nuestra Carta Magna, que preceptúa que "la Administración Pública sirve con objetividad los intereses generales y actúa de acuerdo con los principios de eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración, coordinación y con sometimiento pleno a la ley y al Derecho".
Fue la voluntad de los constituyentes del 78, y así los plasmaron en la Constitución, que el primer principio de actuación y organización de todo Administración Pública fuese el de "servir".
En mi condición de fedatario público puedo dar fe de ello. Puedo afirmar que contamos con auténticos servidores públicos, que cuidan de nuestra salud física y emocional, cada uno de ellos en su correspondiente puesto de trabajo, sin que sus condiciones laborales (horarios, sueldos, medios materiales, etc.) afecten en nada en su diligente y eficaz desempeño. Debemos cuidarles, escucharles y atender sus legítimas necesidades.
Agradecimiento especial a la doctora pediátrica de Oncología Laura, así como el resto de médicos del Servicio de Oncología Carlos, Marta, Anas, Carmen y Celia (me dejaré alguno en el tintero pedimos perdón), enfermeras de consulta María y Mariángeles y de planta, Seño Ana, Desi y Juan de AVOI, todos ellos buenas personas en términos machadiano, auténticos Ángeles de la Guarda que nos cuidan y protegen, deambulando para hacer el bien por consultas, habitaciones de pacientes, despachos y demás dependencias hospitalarias.
Decía el poeta sevillano Antonio Machado, que las buenas personas se definían por su integridad, humildad y generosidad, por ello gratitud infinita.
Gracias por dar tanto.
Gracias por cuidar tanto.
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