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Opinión | Tribuna

Los dos escenarios de PS

¿Me están diciendo entonces que me tengo que marchar a mi casa?

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. / Borja Puig de la Bellacasa

Hola Pedro. Somos nosotros.

─Ustedes. ¿Pa y JC?

─Así es. Y hemos venido a advertirle y explicarle.

─Vamos a ver, señores. Yo no necesito advertencias, explicaciones ni consejos. Yo soy Pedro Sánchez. No sé si me entienden…

─Le entendemos, le conocemos perfectamente. Y sabemos lo guapo que es, lo listo y lo necesario para España… Que era. Porque ya no es así, si es que alguna vez lo ha sido. Ahora mismo, señor Sánchez, usted es un tapón, no solo para su país, singularmente para su partido.

─¿Quién les ha mandado a decirme todo esto? ¿Abascal? ¿Feijóo? ¿Trump?

─No se confunda, señor Sánchez. Nosotros no servimos más intereses que la razón comunitaria y el beneficio de España. Y en este caso, casi diría que de su propio partido político.

─Al grano, señores. ¡Al asunto!

─Vayamos pues. Existen dos opciones en el futuro:

Opción A: Usted se empecina en mantenerse en el poder, en no convocar elecciones y mantiene la agonía que vive su gobierno y su partido durante algunos meses más. Los casos de corrupción florecen como las setas en otoño y dentro de cinco meses, fíjese bien señor Sánchez, cinco meses, todo salta por los aires y no tiene más remedio que dimitir. Se convocan elecciones generales en las que su partido prácticamente desaparece del panorama político. Usted es expulsado nuevamente del PSOE e inculpado en numerosos casos de corrupción, con lo que comienza un rosario por los juzgados de España y su rostro acaba pareciendo el de Sazatornil: Pasa usted de ser ‘Pedro el bello’ a ‘Pedro el viejo’.

─Vaya panorama me presentan ustedes. No dice eso Tezanos en su último informe del CIS, en el que vuelvo a ganar las elecciones y soy amado por la mayoría de los españoles.

─Si usted le merece más crédito Tezanos que nosotros, es que es aún más simple de lo que pensábamos. Pero es usted libre de hacerlo. Nosotros no nos fiamos mucho de ese caballero.

─Opción B: Usted convoca elecciones ya y dimite como secretario general del Partido Socialista. Una nueva dirección, probablemente encarnada por una mujer ultrafeminista dispuesta a comenzar de cero, barriendo toda su herencia, y limpiando a tanto macho man de bragueta frágil, que aparece de las entrañas de su partido, asume el control de su organización y renueva sus estructuras y las personas que están al frente, nombradas todas ellas por usted. Esa es la única manera de salvar los muebles y hacer que su partido tenga alguna posibilidad de pervivencia después de la turbulenta época a que usted le ha sometido.

─¿Me están diciendo entonces que me tengo que marchar a mi casa? ¿Y dejar el poder del gobierno y el partido? ¿Qué se va a hacer cargo una Adriana Lastra… o una Susana Díaz cualquiera? ¿Es eso lo que entiendo?

─Así es, señor Sánchez. Esa es la única opción que vemos para que España resucite y su partido no sea sepultado en las catacumbas de la ignominia.

─Pues esperen ustedes sentados, no se vayan a cansar. Porque ¿saben? Este gobierno progresista es bueno para España, es más… yo soy una bendición para este país.

─Usted elige: poder o algo de dignidad. Porque si elige seguir en el poder, como diría sir Winston Churchill, usted perderá el poder… y la dignidad.

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