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Opinión | 360 grados

Macron y su descubrimiento del ‘huevo de Colón’

Macron considera imprescindible hablar con Putin para no depender de las negociaciones entre Estados Unidos y Rusia, buscando así una nueva estrategia europea

El presidente de Francia, Emmanuel Macron

El presidente de Francia, Emmanuel Macron / Aaron Schwartz/PA Wire/DPA

El siempre volátil presidente francés, Emmanuel Macron, ha propuesto finalmente a sus colegas europeos hablar con el jefe del Estado ruso, Vladimir Putin.

Transcurridos ya, pronto hará, cuatro años desde la invasión rusa de Ucrania, el francés parece haber descubierto de pronto ‘el huevo de Colón’.

«Europa debe encontrar el camino de interactuar con Putin (…) Debemos encontrar la fórmula de hablar con él», dijo Macron, como si fuera tan difícil coger el teléfono y llamar al Kremlin.

¿Por qué ni siquiera lo han intentado hasta ahora? ¿Se lo prohibió acaso en su día Joe Biden? ¿Se lo veta su sucesor, el republicano Donald Trump, quien, por cierto, parece despreciarlos tanto como el líder del Kremlin?

¿O fue más bien que creyeron que no hacía falta: que el Ejército ucraniano era lo suficientemente fuerte como para infligir una clara derrota a Rusia a pesar del tamaño geográfico y el peso demográfico de uno y otro país?

¿O pensaron tan vez que Rusia era, como sostenía la propaganda de los halcones a ambos lados del Atlántico, sólo «un tigre de papel» – una «gasolinera con bombas atómicas», como dijo nuestro Josep Borrell- y su economía no resistiría un conflicto prolongado?

Para su desgracia, y la del propio pueblo ucraniano, se equivocaron, pero, incapaces de reconocer a tiempo su error e intentar salvar tantas vidas en aquel conflicto, persistieron en su negativa a hablar con Putin y dejaron que el político estadounidense al que, no sin razón, tanto detestan tomara la iniciativa?

Trump no está por supuesto interesado en la democracia o los derechos humanos, sino en las posibilidades de hacer negocio en esa parte de Europa y en la inmensa Rusia.

Mas para eso nada mejor que el cese de las hostilidades. La moral, la moralina de los europeos, tan hipócrita muchas veces, pues es a costa de la vida de otros, no le interesan. Su interés es sólo el comercio.

Y ahora, al menos Macron, pues otra cosa es lo que piensan, por ejemplo, los dirigentes alemanes, los nórdicos o los vecinos inmediatos de Rusia como los bálticos, cree que hay que rendirse a la evidencia.

Como explica el francés, «de otro modo estaremos discutiendo solo entre nosotros mientras que son otros (EEUU) quienes discuten con los rusos, y esto no es lo ideal».

¿No es lo que ocurrió en la llamada cumbre de la paz que se celebró en junio del año pasado en Suiza, a la que ni siquiera se invitó a los rusos?

Mientras tanto, en sus declaraciones a los medios de la pasada semana, Putin rechazó una vez más las acusaciones de los líderes europeos de que se propone atacar Europa si no se le impide ganar en Ucrania.

«No habrá nuevas operaciones militares especiales si nos tratáis con respeto y tenéis en cuenta nuestros intereses como nosotros hemos tenido siempre en cuenta los vuestros», afirmó Putin.

Y el presidente ruso volvió a quejarse de que su país había sido víctima no sólo de un engaño por parte de Occidente, sino de varios, primero con la ampliación de la OTAN, frente a lo prometido al último presidente de la URSS, y luego con las falsas negociaciones de Minsk.

El objetivo último del Kremlin, como ha explicado una y otra vez el propio Putin, es una nueva arquitectura de seguridad en Europa que incluya a Rusia en lugar de ir contra ella. Pero ¿están dispuestos los actuales dirigentes europeos, que no los ciudadanos? Al menos no lo parece.

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