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Opinión | Tribuna

Sánchez no está para muchos dulces

El presidente español es el único líder socialdemócrata de una Unión Europea derechizada por diversas causas

Pedro Sánchez durante el 'house tour' del Palacio de la Moncloa que ha publicado en Tik-Tok

Pedro Sánchez durante el 'house tour' del Palacio de la Moncloa que ha publicado en Tik-Tok / TIK-TOK

La legislatura de Pedro Sánchez resiste a pesar de todos los envites habidos y por haber. Unos son fruto del delirio verbal y de oscuras maniobras de diversa clase, y otros tienen, a la vista de ciertos hechos, su razón de ser. Los ataques personales contra él y su acción política no cesan por parte de individuos que solo aportan eso y mamporros contra la mayoría. Aun así, cada uno vota lo que prefiera, incluso en esa dirección como acaba de ocurrir en Extremadura. Cierto es que se daba por pérdida la batalla con un débil Gallardo al que se investiga judicialmente en el proceso del hermano de Sánchez.

El presidente es el principal líder socialdemócrata en una UE tan derechizada por la gracia de los votos de distinto origen. Los derechos sociales o el ecologismo no están libres para avanzar hacia niveles más altos en este orden revuelto de cosas. Doña Ursula propone seguir dando luz verde a la industria de motores de gasolina o diésel, cuya eliminación estaba prevista en 2035. El cambio climático y la contaminación están de enhorabuena. Que disfruten con el premio de la lotería de Navidad y la Nochebuena.

Los motores de combustión representan un pasado que debemos superar, y el avance en la tecnología limpia debe ser el presente y el futuro más inmediato. Es decir, la transición hacia el vehículo eléctrico es imprescindible. Ya llegamos tarde, sí, pero cualquier atisbo de retroceso o ralentización es mucho peor en materia medioambiental.

En lo que afecta a la crisis de vivienda, Bruselas se inhibe respecto a medidas contra las compras especulativas de pisos. Vale, eso sí, impulsar la renovación y construcción de casas. Y pide que se reduzcan los impuestos sobre la propiedad. No olvidemos quién debe ganar siempre por encima de los demás. Controlar los alquileres de corta duración no sería una mala propuesta. En fin, el primer Plan Europeo de Vivienda Asequible es un paso adelante en cuanto a respuesta comunitaria. Brinden y canten villancicos.

Pues sí. Si se quiere llegar a las elecciones generales en 2027 es preciso trabajar mucho, ver resultados, transmitirlos adecuadamente, movilizar a la ciudadanía y recuperar la confianza que se haya perdido. Gobernar, en definitiva, o convocar a los electores. Una renovada hoja de ruta con cambios. Sumar presiona en este sentido y, de entrada, el escudo social, puesto en marcha desde 2020 para amortiguar el impacto de sucesivas crisis sobre la población más vulnerable, seguirá el próximo año, hecho que disgustará a quienes nada hacen en favor de la gente de a pie, aunque les obsequie sus votos.

Consideremos algunas realidades. La derecha política defiende la conservación de un orden injusto y un mercado puro y duro al que solo le interesan sus beneficios a costa del vecino, que se debe postrar a los pies de los privilegiados. La menor intervención del Estado la patrocinan los mismos y los de su especie en detrimento de los servicios públicos y de muchas personas que necesitan un árbitro en medio de la contienda.

La jerarquía y el autoritarismo constituyen dos de las señas de identidad de este tipo de sujetos. La justicia social no entra en sus planes, sino todo lo contrario. Por eso, esgrimen una menor regulación estatal. Dicen que respetan las instituciones. Pero ocurre al revés cuando otros las ocupan legítimamente. Quedan dañadas con una total ausencia de talante democrático. Si no existe un cierto grado de intervencionismo, el progreso y la igualdad se deterioran sin que nada ni nadie lo remedien. Triunfan algunos y pierden muchos. Ya saben. La ley del más fuerte. La del revólver económico o el sálvese quien pueda en vez de aquello de «Todos a una, como en Fuenteovejuna».

Cada uno tiene una forma de pensar y la política nos define. El capitalismo desbocado condiciona los aspectos de la vida. Educación, salud, prestaciones laborales… ¿Esto es mejor en vez de que un gobierno corra con los gastos de los servicios básicos a través de una fiscalidad progresiva? ¿No importa, especialmente, el conjunto de la sociedad? El estado de bienestar es uno de los objetivos esenciales y corre peligro.

Bien está favorecer la economía de las empresas y que generen riqueza. Ello no puede significar nunca el desprecio a los intereses legítimos de los trabajadores, circunstancia que sí ocurre con la ideología de derechas. Tradicionalmente, el bando derecho se asocia con las clases ricas y el clero, y la izquierda con la base popular. El origen histórico proviene de la Asamblea Nacional. En el año 1789 se inició la Revolución Francesa, que cuestionaba el poder monárquico y quería acabar con los privilegios de la aristocracia.

La dualidad política se extendió por el continente y sigue coleando. En nuestro país tenemos una evidencia que hoy no pone el énfasis en el bipartidismo con el PSOE y el PP. Los socialistas tienen socios en un Congreso dividido, y la extrema derecha seguirá imponiendo el baile a la derecha extrema. La comunidad extremeña es un ejemplo. Toca la pandereta y lanza polvorones. Y Sánchez no está ahora para muchos dulces.

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