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Opinión | Tribuna

Zapatero

Zapatero animó al independentismo catalán y resucitó a Franco, lo que creó una discordia que no ha parado de crecer hasta hoy

Foto de arhivo de José Luis Rodríguez Zapatero en el Senado

Foto de arhivo de José Luis Rodríguez Zapatero en el Senado / EUROPA PRESS

─¿Cuándo se torció España?

─Parece que estás parafraseando a Mario Vargas Llosa con aquellos de cuando se jo… el Perú.

─Algo así, Pa. Porque lo he estado pensando y creo saber, no tanto cuando, si no por quien.

─A ver, JC. Explícate porque no te sigo.

─Pues es sencillo. La situación actual de España no es la que esperábamos a estas alturas. España protagonizó un ejemplo de evolución de una autocracia a un sistema democrático, que se estudia en todas las facultades de ciencias políticas del mundo. Un grupo de personas aglutinó la ilusión de todo un país y entre todos caminaron desde el blanco y negro hacia el color y la modernidad. Se dotaron de instituciones modernas, permitieron que el carácter alegre latino aflorara y colocaron a España en el mapa del mundo, como sinónimo de modernidad, evolución, imaginación y eficacia. No hace falta más que recordar la España de 1992.

─Y entonces ¿qué ha sucedido para llegar a esta situación, en la que los españoles están enfrentadísimos, dudan hasta de sus logros y su imagen exterior ha caído de manera drástica?

─Pues seguramente hay un compendio de causas, como siempre sucede, pero yo pondría como origen a un sujeto: el expresidente Zapatero.

─¿Cómo es eso?

─Porque Zapatero animó al independentismo catalán y resucitó a Franco, lo que creó una discordia que no ha parado de crecer hasta hoy. Nadie hablaba ya de la Guerra Civil ni de la dictadura, pero él volvió a remover el pasado para obtener réditos políticos. Zapatero recupera el legendario enfrentamiento entre las dos Españas y son los nietos de los que hicieron la Guerra Civil los que abandonan la concordia de la que habían hecho gala en la transición. Y eso ha llegado hasta hoy, resucitado nuevamente por el señor Sánchez, convertido en argumento político, con la estupidez de la celebración de los 50 años de la muerte de Franco, del que se iban a celebrar centenares de actos y ha quedado en una docena de reunoncillas.

─Pero la gente que tiene algún familiar enterrado en una cuneta, tiene derecho a recuperar su cuerpo y su dignidad.

─Sin duda. Pero eso no significa desenterrar un conflicto sangriento de hace 80 años, traerlo a la actualidad y agitarlo como argumento político y enfrentamiento nuevamente entre españoles. La gente joven que se etiqueta de derechas ya no ve el franquismo como una dictadura, sino como algo lejano e impropio. Para la convivencia hubiera sido mucho más útil dejar el pasado caer lentamente en el olvido, quizá solo presente en la generación que vivió y sufrió la guerra, las atrocidades de ambos bandos, el racionamiento, la postguerra, el hambre y el atraso.

─Por eso es más incomprensible, teniendo en cuenta el presente, que se ande dando vueltas a un pasado que a pocos puede enorgullecer. Construir día a día la democracia no incluye echarse en cara un pasado que la mayoría ni siquiera ha vivido.

─Así es. Lo que es evidente es que hubo una guerra civil, que se cometieron barbaridades, que la ganó el general Franco, que hubo una postguerra terrible, en la se celebró más la victoria que la reconciliación y que la guerra mediática la ha ganado, muchas décadas después, la izquierda, aquellos que ni siquiera participaron en el conflicto.

─¿Y quién puede adivinar lo que hubiera sucedido si las cosas hubieran sido diferentes? ¿Cómo hubiera sido la postguerra? ¿No se habría convertido España en un satélite de la URSS?

─Eso nunca se sabrá. Pa. Lo que sí sabemos es cuál es el presente, y cuál fue el pasado. Y que removerlo con fines partidistas, como hizo Zapa, es mezquino.

─Pérez Reverte, de habitual fino analista, definió al personaje hace poco diciendo que al principio lo percibía como tonto, pero su opinión evolucionó hasta pensar que en realidad era un tipo malo. Ahora parece que surgen nuevas sospechas de sus largos tentáculos en varios asuntos, siempre relacionados con dictaduras poco recomendables.

─La justicia dirá la penúltima palabra. Pero este personaje tiene el dudoso honor de haber disparado el primer tiro de un nuevo conflicto entre españoles.

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