Opinión | Tribuna
BB, una fulguración
La gente no iba a admirar su talento -que lo tenía- sino a soñar con la femme fatale que encarnaba con una mezcla irrepetible de ingenuidad y provocación

Brigitte Bardot en la película de Jean-Luc Godard 'El desprecio' (1963). / l.o.
Brigitte Bardot personificó la belleza sin cálculo y el rechazo al corsé de lo impuesto; la encarnadura de una época que creyó posible vivir sin demasiadas leyes, excepto las de la piel y el ritmo del corazón.
Saltó al mundo en 1956 con Y Dios… creó a la mujer y en aquella película -seísmo de pasión y celos- quedó cifrado un arquetipo que después muchos intentarían imitar sin conseguirlo. Bardot creó un icono de sensualidad con apariencia inocente, de frescura voluptuosa, y lo manejó con la libertad salvaje de una diosa a la que Francia adoró rendida ante la majestad de una pionera de la revolución erótica.
Aquella mujer era, sobre todo, un soplo de viento tibio, un gesto descalzo sobre la mesa, una risa que parecía desafiar la gravedad de los recelos del mundo. Era sexo, juventud y, ante todo, modernidad sin impostura. De ahí que su figura se incrustara en la memoria de quienes fuimos jóvenes cuando el cine todavía se atrevía a inventar futuros posibles.
La gente no iba a admirar su talento -que lo tenía- sino a soñar con la femme fatale que encarnaba con una mezcla irrepetible de ingenuidad y provocación. Había en ella una forma intuitiva de feminismo: el de quien no pide permiso. Tenía un poder de sugestión fascinante que supo conservar sin recurrir a los engaños del bisturí. Siempre se supo especial, única, criatura libre e indómita, dotada de un hechizo que no requería coartadas.
Convertida en icono mundial, fue también el prototipo de la mujer liberada que osa presentarse en el Palacio del Elíseo con pantalones y el pelo suelto cuando el protocolo exigía vestido y moño. De Gaulle, con fino instinto, lo tomó a bien: él iba de paisano -dijo- y ella de uniforme, pues Bardot lucía un conjunto con galones inspirado en la portada de Sgt. Pepper’s de los Beatles. No era una anécdota: era una declaración de época.
Pero BB no se detuvo allí. Con la intuición propia de quien sabe que el tiempo pasa, se retiró prematuramente del cine y consagró su segunda vida a los animales: la estrella que abandona los focos para defender a los desvalidos, la voz que clama por los que no tienen voz. Como todo mito verdadero, cargó también con sus sombras; una vehemencia a veces abrasiva, opiniones políticas incómodas, la negativa obstinada a acomodarse a la corrección confortable.
Se convirtió en un símbolo nacional -una torre Eiffel con curvas-, un fenómeno social, un mito que ella misma enterró con su retiro, su reconversión al animalismo y sus arrebatos públicos. El mito erótico más poderoso del cine europeo de finales de los cincuenta y la década siguiente; dos letras, BB, convertidas en reclamo universal. A la altura de lo que representó Marilyn Monroe: actrices sulfurosas, sin miedo a la cámara, al escándalo ni a preconizar libertades sexuales.
No era solo una mujer: era un tiempo, un clima, el deseo formulado en presente continuo, el sexo sin culpabilidad. Pero la memoria de lo que representó -la libertad sin ataduras, la belleza insumisa, la rebeldía como acto de amor- permanece intacta, como un escenario de verano eterno.
Nos deja un espejo: el de una vida que vivió a pleno, sin resignarse a la insignificancia. Un mito erótico y, a la vez, la fuente de sus problemas. En el gesto sencillo de ser ella misma, definió un instante del espíritu europeo; y nos enseñó que la pasión puede ser militante sin perder dignidad.
Roger Vadim, marido breve y ocasional, lo vio venir y lo resumió así: «Tú serás el sueño imposible de todos los hombres casados». Y lo fue. Bardot no ofrecía futuro ni estabilidad: solo deseo, puro acto sin promesa.
Hoy, cuando incluso la fantasía exige consentimiento informado, su recuerdo sigue siendo intolerable para algunos. No porque fuera libre, sino porque ejerció esa libertad sin pedir perdón.
Suscríbete para seguir leyendo
- Hasta 13 playas de Málaga podrían desaparecer en menos de 75 años
- Dos heridos en la Alameda Principal de Málaga tras el atropello de un motorista a un peatón
- Un asador familiar en Málaga con más de 40 años de historia escondido en el interior de una casa: 'Mucha gente no lo conoce
- Ginés Serrán asegura que los gastos de fundición y transporte de sus esculturas corren de su cargo y que los pedestales costarán 60.000 euros
- Retiran el muro del solar de la calle Victoria donde se construirán VPO y un nuevo vial hacia Lagunillas
- Prohibido subir a la Sierra de Alhaurín este sábado: habrá una batida para cazar jabalíes
- El tren litoral a Marbella 'es viable', según el Gobierno
- Lidl ya tiene fecha de apertura este enero del nuevo supermercado en la avenida de Velázquez en Málaga
