Opinión | El Adarve
La resistible ascensión de Vox
Vox se parece a aquel conductor que circulaba en dirección contraria y pensaba que eran todos los que venían en la otra dirección quienes estaban equivocados

El presidente de Vox, Santiago Abascal, y el candidato a la Presidencia de la Junta de Extremadura, Óscar Fernández Calle, en un acto de campaña en Mérida / JAVIER CINTAS/ EUROPA PRESS
En las recientes elecciones celebradas en Extremadura se ha producido, a mi juicio, un fenómeno inquietante. Vox ha duplicado el número de sus diputados en el parlamento regional. ¿Cómo explicar este sustancial ascenso? Una parte de los votos, probablemente, procederán de los votantes del PSOE, decepcionados por los lamentables casos de corrupción y de machismo. También habrá recogido algunos votos a causa del escaso atractivo suscitado por el candidato socialista, Miguel Ángel Gallardo, y por su vinculación con el caso del hermano del presidente de Gobierno. También habrá recogido la cosecha de los descontentos que se apuntan a una fuerza nueva que no ha gobernado. Y, cómo no, algunos que se hayan sentido arrastrados por los avances de la derecha en el mundo (Donald Trump, Javier Milei y hace muy poquito José Antonio Jast en Chile…).
Hay dos ideas que me inquietan en este crecimiento extraordinario. La primera es el ideario del partido ultraconservador. No me puedo explicar cómo hay quien se ilusione o se entusiasme con las ideas que defiende el partido.
La despreciable xenofobia. Es injusto e irracional unir inmigración con delincuencia porque los datos no confirman esa tesis. Y porque es ridículo decir que hay que negar la entrada a quienes vengan con ánimo de delinquir. ¿Quién tiene ese detector de intenciones?
Las personas que emigran no lo hacen por diversión, no lo hacen por capricho ni por deporte. Casi siempre se trata de huidas del terror, de la guerra, del hambre, de la miseria… Muchos se juegan la vida en el camino, dejan atrás sus familias, su cultura, sus costumbres, su lengua… Se trata de situaciones que no llevan al odio sino a la compasión, que no despiertan el rechazo sino la solidaridad…
No vienen a quitarnos nada, vienen a aportar un trabajo que necesitamos para sacar adelante nuestra economía. Necesitamos millones de personas que recojan las cosechas, que mantengan activas nuestras fábricas, que cuiden a nuestros mayores…
La negación de la violenta de género es irracional e injusta. ¿Cómo es posible negar una realidad tan evidente? En el año 2025 han muerto en España 46 mujeres y 3 menores, víctimas de la violencia machista. ¿No lo ven? ¿No lo quieren ver? No se trata de violencia doméstica, se trata de violencia machista. Lisa y llanamente. Para no ver una realidad tan dura, tan injusta, tan cruel, hace falta estar ciego o tener la capacidad de análisis distorsionada. Y no solo son las muertes: las manadas que violan son siempre, sin excepción, manadas de hombres que ejercen su machismo sobre las mujeres. Las discriminaciones siguen presentes, a pesar de todos los avances del feminismo. El androcentrismo lleva haciendo sus estragos durante siglos, ya han tenido tiempo de enterarse estos señores de Vox. ¿Y las mujeres de Vox? ¿Quién las puede entender? O callan de forma cobarde o han padecido la mayor desgracia de los oprimidos que es meter en su cabeza los esquemas del opresor.
El culto a una dictadura como la que sufrimos durante casi cuarenta años desvela el poco aprecio que tiene Vox a la democracia. Una dictadura con miles de muertos, con miles de exiliados, con miles de encarcelados y con todos los ciudadanos y ciudadanas desposeídos de derechos y libertases fundamentales. Una dictadura sin elecciones porque, como decía el dictador, los españoles no estábamos preparados para el ejercicio de la libertad. Él nos preparaba con el silencio, la opresión y la humillación.
La falta de sensibilidad y de cordura respecto al cuidado del medio ambiente es propia de personas zafias, de gentes incultas. Porque la ciencia aporta hoy argumentos sobradamente convincentes para conocer el cambio climático y el calentamiento del planeta. Resulta descorazonador ver actitudes tan cerriles ante evidencias tan clamorosas. Vox se parece a aquel conductor que circulaba en dirección contraria y pensaba que eran todos los que venían en la otra dirección quienes estaban equivocados.
Las actitudes de rechazo y de odio a las personas que integran el colectivo LGTBI supone una cerrazón mental difícil de entender. Porque cada persona tiene derecho a vivir su sexualidad de la manera que le venga en gana. A nadie perjudica cómo las personas elijan libremente a quién quieren amar y con quien quieren relacionarse sexualmente. La postura de Vox ante esta cuestión es retrógrada y carece del necesario respeto.
El nacionalismo rancio que predican (lo de fuera es malo, lo de dentro es bueno) es fruto de una xenofobia preocupante. De ahí el rechazo a la inmigración. Un rechazo, como decía más arriba, injusto e irracional, porque necesitamos la mano de obra de millones de inmigrantes que nos ayuden a mantener la economía. Se trata de un patriotismo peculiar. Porque hace que les parezcan estupendos los aranceles que impone el sátrapa del despacho oval a nuestros productos y no les corta un ápice el insulto, la descalificación y el rechazo al gobierno legítimamente formado por la voluntad de los votantes de sus país. Son patriotas de pulserita y de banderas. Patriotas de pacotilla.
Se trata de un patriotismo centralizado, con rechazo a las actuales autonomías que acercan el gobierno a los pueblos, que permiten desarrollar la idiosincrasia y las peculiaridades de cada región, que reconocen y desarrollan la diversidad que enriquece a la nación española.
Eliminar los impuestos y debilitar al Estado hace que aumenten las diferencias y que los más pobres se queden desprotegidos y sin posibilidad de comprar los servicios de las compañías privadas. Cuando se privatizan los bienes y los servicios se condena a los pobres a la una miseria progresiva.
Este ideario nos lleva a construir una sociedad egoísta, autoritaria, machista, insolidaria, injusta y retrógrada. Cuesta pensar en un gobierno de la nación integrado por el PP y por Vox. Qué decir de un gobierno de Vox.
Hay una segunda cuestión que me inquieta sobremanera. Me refiero a la juventud que se ve atraída por estos postulados tan retrógrados. Porque la juventud, por definición, es la etapa donde los sueños y las utopías arraigan con fuerza. Y creo que la sociedad diseñada por Vox es, más bien, una pesadilla.
Cada vez que veo a jóvenes envueltos en la bandera española preconstitucional, cada vez que contemplo entrevistas a jóvenes y les preguntan a quién van a votar y responden con aplomo que a Vox, me dan ganas de gritar:
- Pregúnteles por qué, pregúnteles por el motivo, pregúnteles cuáles son las razones de la elección.
Y es que me deja tan perplejo esa elección, tan desconcertado, que me gustaría saber cómo la fundamentan. Ya sé que los problemas que no les resuelven quienes gobiernan (no encuentran trabajo, no pueden pagar un alquiler, no pueden comprar una vivienda…) resultan frustrantes. Ya sé también que los escándalos económicos y machistas que están proliferando en la izquierda tienen un efecto disuasorio inevitable, pero no se puede concluir lógicamente que el ideario de Vox podrá ser una solución eficaz a esos problemas.
El razonamiento de que puesto que lo que hay no funciona, cambiemos para ver si lo desconocido funciona mejor, no tiene mucha lógica. Un ejemplo: las políticas por la igualdad no han logrado eliminar de raíz los problemas del acoso, las violaciones, los feminicidios, las discriminaciones…, por consiguiente acabemos con esas políticas a ver si de esa forma se supera la desigualdad, no tiene una lógica consistente.
El título del artículo es un remedo del de la famosa obra de Bertolt Brescht ‘La resistible ascensión de Arturo Ui’. ¿Por qué resistible? Porque la subida de Vox en Extremadura pudo haberse evitado, debería haberse evitado.
En primer lugar evitando los escándalos de corrupción económica y acoso sexual del partido socialista. Acudir a unas elecciones con esa rémora es espantar a los electores. Por eso es tan importante la ejemplaridad.
En segundo lugar, hay que presentar un candidato que esté libre de cualquier sospecha de corrupción y no uno que arrastre una imputación. Un candidato con carisma, con fuerza, con ideas, con empatía y con credibilidad atrae al electorado.
En tercer lugar es preciso ofrecer un programa electoral riguroso, coherente, creíble, ambicioso, progresista, solidario, inclusivo, feminista. Y hay que saber explicarlo con rigor, con autenticidad y con la necesaria humildad.
Me preocupa esta deriva de la sociedad, este giro que se está produciendo en Extremadura, en España y en el mundo. No hay nada más estúpido que lanzarse con la mayor eficacia en la dirección equivocada.
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