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Opinión | En corto

El mejor regalo

Siempre he tenido fe en los Reyes Magos, y aún me dura, al menos como un remanente de ilusión en tiempo pasado, guiado por la consigna de que no hay que dejar que el niño salga de uno del todo. Cualquiera pensaría que los Reyes se habían ocupado de satisfacerla, pero es al revés, jamás me han traído lo que ilusionadamente les pedía cada año. Sin embargo esta experiencia me ha deparado una conclusión que es en sí misma un regalo, la de que la ilusión no se alimenta satisfaciéndola, sino dejándola un tanto insatisfecha, de modo tal que «ilusión» e «insatisfacción» denotan sensaciones de la misma naturaleza. De hecho tan pronto como satisfacemos una ilusión ésta desaparece y lo que surge en su lugar ya es otra cosa mucho menos ilusionante. Esto vale para todo, pero los padres empeñados en satisfacer las ilusiones de sus hijos (o estos las de sus padres) no saben el daño que les hacen.

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