Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Málaga de un vistazo

Las lecciones del profesor Carrión

El profesor Alejandro Javier Rodríguez Carrión, ex Decano de Derecho de la UMA, fue clave para que el autor se interesara por el Derecho Internacional y su influencia en la civilización

Dibujo de Maduro y su esposa durante su comparecencia ante un juez federal de Nueva York, el 5 de enero.

Dibujo de Maduro y su esposa durante su comparecencia ante un juez federal de Nueva York, el 5 de enero. / EFE

En un inicio de año de secuestros y bombas que hay quien celebra siempre que no le toquen cerca, ha sido tremendamente llamativa la excelsa asiduidad de referencias al Derecho Internacional. La mayoría de las veces con la misma laxitud con la que se usa el etcétera cuando no se sabe qué añadir.

Hace diecisiete años que estudié una asignatura que se convirtió en mi favorita de la carrera: Derecho Internacional Público. Y mucha culpa la tuvo el profesor que me tocó para impartirla: D. Alejandro Javier Rodríguez Carrión, entonces Decano de Derecho en la UMA. En sus clases hablaba de muchos eventos de índole geopolítica en los que, a veces más, a veces menos, el Derecho Internacional había servido para, muy poco a poco, civilizar a la Humanidad, sobre todo desde el fin de la 2ª Guerra Mundial.

Recuerdo el énfasis y sutil sarcasmo con el que hablaba de Guantánamo o de la Contra en Nicaragua y los embargos yankis para socavar su gobierno y estrangular de hambre y escasez a su población; recuerdo conocer por su voz la ‘Fórmula Noriega’, que era como se llamaba a entrar en un país para llevarse a su presidente, porque así ocurrió con Noriega en Panamá en 1989; o la supuesta ‘guerra contra las drogas’, propaganda de tiempos de Nixon usada por décadas como pretexto para rebasar toda línea que hiciese falta contra otro país soberano. Incluida, si fuera necesaria, la invención de cárteles fantasma.

Don Alejandro falleció en mayo de 2009, días después de estoicamente acabar de darnos todo el programa. Hoy evocarle, además de como pequeño homenaje, sirve para recordar que el águila nunca dejó de tener hambre.

Tracking Pixel Contents