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Opinión | Notas de domingo

Stranger Things y un señor en batín

Enero cuesta. Hay que anestesiarse, bueno, como casi siempre, con series, libros e incluso recuerdos

Los personajes de 'Stranger Things'

Los personajes de 'Stranger Things' / NETFLIX

Lunes. Entre Once, Dustin, Lucas, Hopper, Winona Ryder y otros hermanos mártires me tienen un importante jaleo en la cabeza. Stranger Things. No hay spoiler en este artículo. Hemos visto estas navidades las cinco temporadas. 42 episodios. Me encanta cazar las referencias que contiene a películas, libros e hitos culturales, unas más explícitas que otras. Empatizo con los protagonistas, con casi todos, pero Vecna y los mundos paralelos y el ir y venir de lo oscuro a lo real, de Hawkins a no sé sabe donde, me acaba mareando un poco. Amaya y mi hijo me van guiando por el (a veces, para mí, que soy torpón) intrincado argumento. Hasta me hacen exámenes a ver si me he aprendido los nombres de todos los personajes, que son una pila, por cierto. La serie ha provocado un terremoto, tiene millones de fans. Debería de haber escrito fanes, pero la forma anglo, fans, está más extendida.

Stranger Things: siente uno la emoción de sumergirse en un universo nuevo, de ingresar en una cofradía, en una hermandad benditamente friki . La serie nos habla de forma evidente de muchas cosas, pero también de la amistad, del poder de los sueños, de la importancia de la cooperación. Hay que bajar los mecanismos de la incredulidad. Algunas de sus tramas serían, son, películas estupendas por sí mismas. De terror. O de la guerra fría o sobre adolescentes. Mucha emoción en el último capítulo, muy largo.

Martes. Día de Reyes. Qué felices somos los niños esta mañana.

Miércoles. Amador, película en FlixOlé. Tras cometer un asesinato, Amador (Maurice Ronet) deja Madrid, donde vivía con su tía (María Luisa Ponte), y se va a Guadalajara con la madre de su hijo. Pero, como no soporta esa vida familiar, se marcha a Torremolinos donde se ve implicado en la muerte de una extranjera. Allí también conocerá a Laura (Amparo Soler Leal). Estamos en el año 1964. Cine negro algo extraño, entretenido, distinto. Uno tiene la curiosidad de ver cómo era ese municipio en esos tiempos. Atisbo la calle San Miguel, las playas del Bajondillo, la Carihuela, que aún era un barrio de pescadores.

Jueves. Supermercado de unos grandes almacenes. De pronto me veo en la sección de pescadería discutiendo con un señor que se parece a Resines y que pretende colarse. Una mujer viene en mi auxilio a darme la razón. Contento, quedo sin embargo un poco distraído tras el lance y la tal señora aprovecha entonces para pedir una docena de langostinos. O sea, es ahora ella la que se me ha colado. Supongo que estos sucesos son el tributo, la incomodidad, a pagar por vivir en estas fiestas navideñas. Ah no, que estamos en la cuesta de enero. Pasa un joven y me da un empellón sin querer. Supongo. Gentio. Para vengarme pruebo en la panadería, donde también hay muchísima gente. En lugar de preguntar quién es el último, grito: dos molletes y una barra de Viena. Extrañamente, todos se vuelven hacia mí pero el dependiente va a las estanterías, coge los molletes y la barra y me los alcanza embolsados. Pago y las miradas de reproche me cohiben sobremanera. No sé dónde meterme. Bueno, sí. En mi casa. Abandono el lugar del crimen y me voy reflexionando sobre si mi voz es autoritaria, sobre las colas, las disciplina, la picaresca y el pan. Lo pellizco. Tiene miga el asunto.

Viernes. Me pongo en YouTube, algo hay que ponerse, el Concierto de Año Nuevo. Batín y café con churros. Yo y mi yo interior, que hoy nos llevamos bien, sabemos que soy un poco punki, pero que para disimular, de cuando en cuando me disfrazo de señor respetable y melómano. Estoy deseando que toquen la Marcha Radetzky, claro. He dormido siete horas con gran placidez. Me salgo un poco de mí mismo y me veo en esa escena costumbrista que protagonizo y que va en contraste con las prisas de otras mañanas.

Me vienen recuerdos de otros años, de cómo veía este concierto el Día 1 con mi padre. Como dice Juan Ignacio Díaz Leiva al principio de su poema titulado ‘Regalo’:

«Mis recuerdos tienen el orden con que un niño

saca tesoros del cajón

y los coloca en fila junto a los que no sabe abrir».

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