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Opinión | 360 grados

Trump ha mostrado finalmente su verdadero rostro de Calígula

¿Ha engañado Trump a quienes confiaron ciegamente en sus promesas de centrarse en los intereses de Estados Unidos para hacer ‘America great again’, a la base del movimiento ‘MAGA’?

Donald Trump.

Donald Trump. / EFE

En su última campaña electoral, Donald Trump se presentó como el presidente que iba a acabar definitivamente con las insensatas y extremadamente costosas aventuras militares de la superpotencia.

El republicano prometió que con él de nuevo en la Casa Blanca se acabaría el proyecto ‘globalista’ de intentar adecuar por la fuerza el sistema social y político de otras naciones al modelo estadounidense.

Se pondría punto final, según dijo, a los proyectos de ‘ingeniería social’ tan queridos de los demócratas y de las generosamente financiadas oenegés a su servicio.

¡Qué gran engaño! Donald Trump ha mostrado al fin su verdadero rostro imperialista, que no es, sin embargo, otro – hay que decirlo- que el de muchos de sus predecesores aunque éstos lo disimularan mejor.

Ningún presidente estadounidense, sin sus guerras, y Trump no sólo no iba a ser una excepción. La única excepción es que manifiesta su comportamiento digno de Calígula sin hipocresía, con la mayor brutalidad.

¿Ha engañado pues Trump a quienes confiaron ciegamente en sus promesas de centrarse en los intereses de Estados Unidos para hacer ‘America great again’, a la base del movimiento conocido como ‘MAGA’?

Es lo que reconocen hoy muchos analistas geopolíticos como Scott Ritter o comentaristas con audiencias millonarias como Tucker Carlson que, creyendo ellos mismos ciegamente esas promesas, votaron en su día por él.

Muchos lo hicieron sobre todo por desacuerdo con la política radicalmente sionista a la vez que implacablemente rusófoba de la dirección demócrata.

Y hoy se encuentran con que el político al que votaron ha superado, al menos en lo que respecta a su apoyo incondicional al Israel más genocida, a los demócratas.

Un Joe Biden o quien le sustituyó como candidata frente a Trump, la hoy casi olvidada Kamala Harris, difícilmente habrían llegado al extremo de ordenar el secuestro de un jefe de Estado de su patio trasero.

Como tampoco habrían amenazado a un país aliado como Dinamarca con quedarse con Groenlandia, poniendo así en peligro el futuro mismo de la OTAN, que por cierto ha perdido mientras tanto la condición de alianza defensiva que tuvo, al menos oficialmente, durante la Guerra Fría.

E incluso en lo parecía sobre todo distinguirse de los demócratas, es decir en su comportamiento en principio dialogante con el Kremlin, Trump parece escuchar últimamente los cantos de sirena de quienes le rodean y tratan de dinamitar esa política, entre ellos el inefable senador Lindsay Graham.

Un veterano estudioso de las relaciones ruso-estadounidenses como es el historiador Vladimir Brovkin, autor entre otros libros del titulado ‘De Vladimir Putin a Vladimir Putin: Rusia, en busca de su identidad_1913-2023’, cree que con sus últimas acciones Trump «puede estar cavando su propia tumba política». Y es sin duda lo que hay que desearle.

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