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Opinión | Tribuna

Trump de la Mancha

Parece que el actual presidente de EEUU hubiera sufrido una sobredosis de westerns y estuviera viviendo dentro de una de esas películas

Trump de la Mancha.

Trump de la Mancha. / l.o.

Los acontecimientos de los últimos días en Venezuela me han sorprendido leyendo El Quijote, y, seguramente por eso, se me han ocurrido algunas semejanzas entre la figura de D. Quijote de la Mancha y el actual presidente norteamericano. Valga decir que se trata de semejanzas orientadas en diferente sentido ético, lo que voy a tratar de explicar.

Es sabido que en la obra de Cervantes -relato de las aventuras de un personaje que se cree inmerso en una novela de caballería- la locura de D. Quijote está originada por la excesiva lectura de estas narraciones, de forma que se imagina transmutado en caballero andante, observando la realidad solo desde ese prisma y reaccionando ante ella, para tratar de desfacer entuertos y de luchar contra toda muestra de injusticia. Es decir, se trata de una persona que vive en un mundo irreal y actúa en consecuencia.

Pues bien, parece que el actual presidente de EEUU hubiera sufrido una sobredosis de westerns y estuviera viviendo dentro de una de esas películas -en las que el que manda es el pistolero más rápido, más bestia o mejor armado-, y que su análisis de la realidad se basara únicamente en sus apreciaciones subjetivas, al margen de cualquier consideración racional o lógica. Actúa como si pensara que él es el elegido para salvar al mundo de todos los males que le afectan (o sea, un caballero andante modernizado); y ante semejante encargo, no tienen ningún valor las normas internacionales ni los derechos humanos ni el Estado de Derecho, ni nada. Se constituye así en una especie de “pistolero andante” que va a ir remediando todo aquello que, en su descabellada visión, deba ser arreglado.

La similitud consiste, así, en que D. Quijote cree vivir en una novela caballeresca y va metiéndose en un lío tras otro, mientras que Trump vive inmerso en un film del far west. Y partiendo de esa base, totalmente extraviada, va actuando aquí y allá, sin parar, de un lado a otro del mundo, sin atender a normas ni razones, con toda desfachatez y falta de respeto a los demás. Lo que parece mentira es que no haya nadie a su lado que sea capaz de decirle que ha perdido el juicio y que las cosas no son como él las ve y que no se arreglan a lo bestia, como él pretende (a no ser, claro, que quienes le rodean estén igualmente afectados del mismo mal y vean el mundo de ese modo…o le teman tanto que no se atrevan a contradecirle).

Valga recordar aquí que esas películas basadas en la ley del más fuerte, suelen acabar con un mal final para ese tipo de matones (aunque en un momento dado puedan haber ocupado el puesto de sheriff del lugar, como ahora), quienes, después de pasarse toda la película haciendo tropelías y asustando al personal, siempre acaban perdiendo.

En cualquier caso, me sigue pareciendo increíble que millones de personas puedan creer que un multimillonario -rodeado, además, de otros millonarios- vaya a ser quien, de un modo u otro, tenga intención de implantar en el mundo una sociedad más justa y equilibrada.

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