Opinión | 360 grados
Un fascista en la Casa Blanca
El asesor de Trump, Stephen Miller, justifica el ataque de EEUU a Venezuela con declaraciones que recuerdan a la propaganda del Tercer Reich

Stephen Miller y su mujer, Katie Miller / Europa Press
Hay un fascista en la Casa Blanca y no refiero esta vez a su titular, el megalómano y psicópata Donald Trump, sino a quien es su principal consejero, el judío sionista Stephen Miller.
Miller, a quien algunos conocen ya, dada su influencia, como el «primer ministro» de Trump, es el más poderoso burócrata no electo del Gobierno del presidente republicano.
Sus declaraciones a la televisión con motivo del ataque ilegal de EEUU a Venezuela son dignas de un Joseph Goebbels, el ministro de propaganda del Tercer Reich y uno de los artífices del Holocausto.
«Estados Unidos emplea a sus Fuerzas Armadas para asegurar sus intereses en nuestro hemisferio. Somos una superpotencia y nos vamos a comportar como tal, sin que tengamos que disculparnos ante nadie».
Así respondió Miller a una pregunta del conocido periodista de la cadena CNN Jake Tapper sobre el golpe militar llevado a cabo por EEUU en Venezuela para secuestrar al presidente Nicolás Maduro y a su esposa y someter a ambos a un juicio no se sabe aún exactamente por qué.
«Es absurdo, agregó en tono histérico, interrumpiendo continuamente al entrevistador y en clara alusión a Rusia y a China, que vayamos a permitir a un país de nuestro patio trasero convertirse en proveedor de recursos naturales para nuestros adversarios, pero no para nosotros».
Las acciones llevadas a cabo por Estados Unidos durante la semana anterior habían sido, según Miller, «los mayores triunfos políticos y militares» en toda la historia de la superpotencia.
Miller justificó la detención de un jefe de Estado extranjero como Maduro como la cosa más lógica del mundo porque, como dijo, no vamos a permitir tampoco a «dictadores comunistas de pacotilla mandar drogas, armas y a violadores a nuestro país».
Y esto lo dice el asesor de un presidente supuestamente involucrado como tantos otros políticos y hombres de negocios en el llamado ‘caso Epstein’, el mayor escándalo de abuso sexual de menores de la historia de EEUU.
En otra entrevista, Miller acusó a Occidente de haberse comportado de forma «obsequiosa y mendicante» con otros países tras la Segunda Guerra Mundial y dijo que nunca debió renunciar a sus colonias.
Si se suman tales declaraciones a su apoyo incondicional a la política antiinmigratoria y abiertamente criminal de su jefe, de la que es seguramente principal inspirador, no creo que la calificación de «fascista» que utilizo en el título de esta columna no sea la más adecuada.
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