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Opinión | Tribuna

Sabio consejo de León XIV

Lo principal de la vida espiritual no es la penitencia ni ejercicios extraordinarios sino el cumplimiento de nuestros deberes y el negarnos a nosotros mismos

León XIV

León XIV / l.o.

En el viaje del Papa a Turquía un periodista le preguntó qué le había motivado el rumbo de vida religiosa que había tomado, a lo que respondió con un consejo: la lectura de un librito de Fray José de Beaufort que recogía una serie de cartas en forma de conversaciones de un religioso de hace más de 300 años en un monasterio francés, Nicolás Herman, conocido como hermano Lawrence. El librito se titula ‘La práctica de la presencia de Dios’. Consta de un prefacio, tres conversaciones y quince cartas. El hermano Lawrence fue un hombre gentil y de espíritu alegre que nos dejó una forma de vivir que, a cualquier edad y situación, nos ayuda a vivir en paz y presencia de Dios.

En este artículo me centraré en la tercera conversación centrada en la fe y el amor, que, si bien lo pensamos, es el núcleo del cristianismo. El hermano Lawrence adquirió un elevado concepto y valoración de Dios que le hizo descartar todo amor mundano que no estuviera en conexión con la presencia de Dios. Según él debemos confiar plenamente en Dios y honrarle siempre y, así, experimentaremos su ayuda y gracia, como a él le ocurrió no pocas veces. Todo lo ponía en las manos providentes de Dios. Cuando los trabajos externos le distraían, un recuerdo fresco procedente de Dios mismo le llenaba el alma y era transportado sin poderse contener. No olvidemos que el hermano Lawrence era, en cierto modo, un místico. Sabía que en el futuro tendría gran dolor corporal y mental, y que lo peor que podría sucederle era perder el sentido de Dios disfrutado durante tanto tiempo. No tenía miedo alguno al peligro, sólo le importaba el amor a Dios y sabía que su entrega a Él era un camino seguro al cielo.

Lo principal de la vida espiritual no es la penitencia ni ejercicios extraordinarios sino el cumplimiento de nuestros deberes y el negarnos a nosotros mismos. Concluye diciendo que el amor a Dios es la meta de todo. Ante este consejo de León XIV al periodista en el avión de regreso a Roma, podemos deducir la altura moral y evangélica del Papa actual en los momentos tan difíciles que estamos viviendo.

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