Opinión | Tribuna
Ha ganado el primer round, ahora toca pararle
La reunión entre Marco Rubio y Dinamarca sobre Groenlandia evidencia la presión de Estados Unidos, que busca expandir su influencia geoestratégica en la región

Donald Trump y Marco Rubio / Europa Press
La anunciada reunión de Marco Rubio con Dinamarca para tratar del futuro de Groenlandia es la foto de una muerte política anunciada: la rendición de la OTAN a la geoestrategia de Estados Unidos. O cambiamos el diseño original.
Que el gobierno danés acepte esta reunión, que si no es para hacer concesiones al presidente norteamericano para qué puede ser, es la misma actitud que la llamada del presidente colombiano a Trump para ver cómo satisfacer al ególatra cuatrero. Haber puesto en la agenda la ocupación de Groenlandia es el primer round que se apunta Trump.
Algunos reputados analistas ya hablan de la posibilidad de una guerra de ámbito mundial si Rusia y China se deciden a parar los pies a Trump en el único lenguaje que parece entender. Y, ciertamente, es posible que el presidente estadounidense esté buscando hacer saltar todo para llevar los conflictos al terreno militar donde se cree invulnerable. Tirando de manual, está escrito que no hay mejor estratagema que un enemigo exterior para unir patrióticamente a un país.
La federación norteamericana se hizo grande ensalzando la mitomanía nacional: el mito de la nación protegida por Dios para salvar el mundo, el Destino Manifiesto, y exportando las falsedades de un país maravilloso publicitado a través de las mitologías de Hollywood.
Eso del Destino Manifiesto fue un hallazgo de John Cotton, en 1630, ministro en la Inglaterra puritana, luego caído en desgracia y emigrado a la colonia de Nueva Inglaterra que es de donde recogió el concepto su divulgador John L. O’Sullivan. Periodista, publicó en 1845, en la revista Democratic Review de Nueva York, «que nuestro destino manifiesto (de Estados Unidos) es extendernos por todo el continente, designado por la Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino».
La teoría, «profecía», del Destino Manifiesto fue la justificación sobre las que se impulsaron las compras de Lousiana y la Florida y, también, la ocupación y guerra consiguiente con México. Como la provocada guerra de Cuba, la ocupación de Filipinas a finales del siglo XIX y la compra de Alaska a principios del XX.
Como se puede comprender, lo del Destino Manifiesto tiene mucho que ver con las doctrinas del «espacio vital», que impulsaron la generación siguiente, Friedrich Ratzel (1844-1904) y Karl Haushofer (1869-1946), para los que la población de un país grande necesita proyectarse en espacios que correspondan a su área de civilización natural.
Al enfocar la necesidad de Groenlandia para la defensa de Estados Unidos, Trump sigue con la fantasía del Destino Manifiesto y trata de reproducir, en Groenlandia, la presión que la presidencia estadounidense ejerció sobre México desde 1829, cuando apenas se había constituido el estado de México, llegándose a la guerra por invasión del ejercito yanki, una década más tarde, y a la independencia de Texas y su unión a Estados Unidos (1845). La incorporación de California siguió el mismo patrón: colonos norteamericanos, principalmente, ocupando el territorio y rebelándose a favor de la independencia y, luego, su unión a la federación estadounidense (1851).
¿Es este el guion que nos espera? Si no hay acuerdo de venta y si los inuits no quieren pertenecer a Estados Unidos, ¿entonces? ¿Ocupación silenciosa de inmigrantes y colaboradores mineros para, en una década con la nacionalidad conseguida, votar la anexión?
La forma legal de oponerse son las instancias internacionales, pero estas no sirven cuando el principal valedor de ellas, porque fueron quienes las crearon, no las respetan esgrimiendo el derecho a no hacerlo si no favorecen a sus intereses.
Pregunto a IA cómo parar la pretensión de Trump, y todas las respuestas son del orden de condenas internacionales.
Ante esta incapacidad para hallar respuestas solventes no queda más que el uso de la fuerza meditada y controlada si no se quiere aceptar la sumisión.
Los países de la OTAN no tienen otra respuesta que decidir una fuerza disuasoria sobre el territorio de mayoría comunitaria, no exactamente otra base militar estadounidense, y los estados miembros, sancionar a Estados Unidos paralizando todos los contratos de suministros de material militar hasta que se llegue a un acuerdo, expreso, de renuncia a intervenciones militares sobre Groenlandia. Ir de compras militares en la propia Unión Europea. Y mirar a la multipolaridad.
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