Opinión | Notas de domingo
De Groenlandia a Rafaella Carrá
Andanzas de una semana que incluye obispo, Irán, ronquera y zascandileos literarios

Puerto de Nuuk, la capital de Groenlandia, este martes. / EVGENIY MALOLETKA / AP
Lunes. Me llama un amigo. Cojo. Ya nadie coge los teléfonos. Ni llaman. Preguntan si te pueden llamar. Llamar está considerado un acto invasivo. Qué cosas. Para qué el teléfono entonces. Pues para mirar Instagram, ver vídeos de TikTok y poner mensajes. Me sale una voz como metálica, gutural, cavernosa, de lunes, como de no haber tomado café. A veces sueño que mi voz toma vida propia y se va por ahí sin mí a vivir aventuras. Se va al mundo de las voces, donde seguramente hablaran a voces. Yo, mientras, quedo afónico o mudo y no sé qué hacer y entonces como no puedo hablar, escribo. Y escribo sobre la voz, no a voces. La voz es un buen nombre para un periódico. No para una sección o columna, La voz, ya que sería algo pretencioso, monopolista, como si su autor fuera la única voz, la autorizada o pontificante.

De Groenlandia a Rafaella Carrá
Martes. Groenlandia. Qué pereza. Qué frío. A mí Groenlandia me evoca el título de una mítica canción de Los Zombis, grupo de la Movidad madrileña. Escribo e imagino, tarareo, mentalmente, esa canción que tantas veces he oído en bares, garitos, en el coche, en fiestas, en la radio y en tantos y tantos sitios y momentos. La busco en Youtube. Tal vez en ese espacio de TVE que gusta tanto, Cachitos de hierro y cromo, donde ponen esos subtítulos tan ocurrentes, la hayan sacado. Imagino a un joven, y a sus padres, movilizado, uniformado y en un avión camino de Groenlandia para pegar tiros solo porque a un presidente americano con la cara de color de los Cheetos se le ha ocurrido invadir esa isla. Me engolfo en Youtube buscando otras canciones. Verás tú que acabo en Raffaella Carrá.
Miércoles. Tres amigas, de Jesús Marchamalo: un librito ilustrado por Antonio Santos, editorial Nórdica, que cuenta la vida de manera ágil, amena y distinta de tres escritoras: Carmen Laforet, Carmen Martín Gaite y Ana María Matute. Se lee con placer en un ratín. Cuenta Marchamalo, por ejemplo, esa escena -legendaria anécdota- en la que González Ruano brama, la noche del fallo, enero de 1945, porque le han dado el Premio Nadal a Laforet -una desconocida que se presentó casi fuera de plazo- y no a él: «Pero bueno, para qué están los premios si no es para dárselo a los amigos». Tres grandes personalidades, tres grandes escritoras que lo tuvieron muy difícil en muchos momentos.
Jueves. Coinciden en las pupilas de uno dos series ‘vascas’. Una está ambientada en Bilbao y es un truño agradable de ver. Por los paisajes urbanos y eso. Una agencia de detectives y tal. Tengo cierta debilidad por Asier Etxeandía. La otra sucede en Álava y uno de los protagonistas es Imanol Arias. También sale Elena Anaya. Se deja ver, el misterio está bien trazado y se mantiene la tensión y el misterio. Interesante. Se me hará larga.
Viernes. He hablado por la radio y he conocido a un obispo.
Esta frase que acabo de escribir podría ser el inicio de un poema de Karmelo Iribarrén o de una confesión a media tarde con el cura de tu pueblo en en la parroquia, donde muy cerca y peladas de frío rezarían dos señoras en interminable letanía. He conocido al obispo de mi ciudad, sí, Jose Antonio Satué, que es franco, simpático, alto y buen conversador. Oscense. Da noticias sobre Teruel, donde ha vivido años, y de su abandono y despoblación y comparamos brevemente lo diferente que son sociológicamente esta provincia y esos lares aragoneses. Me da por imaginar cómo vive un obispo, cómo es su día a día. En esta provincia tan mundana. Con tantas desigualdades. Con tantas tentaciones. Con tanta gente expulsada del sistema y sin acceso a la vivienda. Por ejemplo. Lo de la radio ha sido temprano e interesantísimo, con Juan Carlos Vélez entrevistando a una activista iraní que desgrana las barrabasadas del régimen contra la población y especialmente contra las mujeres. Dos mil y pico muertos ya. Luego, entro en las redes: en el bonito mundo que se nos está quedando todo quisqui tiene una dictadura que defender. Una autocracia favorita.
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