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Opinión | Tribuna

La arcadia del odio

Protesta en el lugar donde fue asesinada Renee Good en Mineápolis.

Protesta en el lugar donde fue asesinada Renee Good en Mineápolis. / CHRISTOPHER KATSAROV / AP

Vótame, volverás a tener 20 años y serás tan bello como nunca fuiste. Algo parecido promete la ultraderecha de todo el mundo. El regreso imposible al pasado y a una pureza que nunca existió. Es una utopía, sí, como siempre han existido en todas las ideologías. Solo que esta no es nueva y sabemos que acaba mal. Trump nos muestra la ruta actual. El rechazo a la inmigración es el imán que conquista voluntades.

La arcadia del odio

La arcadia del odio

En toda España, los migrantes sustentan la hostelería, el campo, la industria agroalimentaria, la construcción y otros servicios. Son un factor impulsor del crecimiento económico general. Pero ahí están Aliança Catalana y Vox convirtiéndolos en el chivo expiatorio de las carencias del sistema. Con datos en la mano, no puede equipararse inmigración a delincuencia ni responsabilizarla de todas las deficiencias de los servicios sociales, pero es muy fácil manipular la realidad, exacerbar el miedo y agitar el odio. La promesa está ahí: vótanos y tu país, tu tierra, tu calle será una arcadia de paz y esencias patrias. Y eso, ¿cómo se consigue?

Trump también tiene la respuesta, y la estamos viendo en directo. Cacerías teatralizadas de migrantes para deshumanizarlos. Calles tomadas por policías armados hasta los dientes, con actitudes más propias de paramilitares que de una policía democrática. Un gobierno que ampara y promueve todo tipo de tropelías y un magma de seguidores dispuestos a humillar e insultar al disidente. Cualquier gesto compasivo es objeto de burla, mientras la brutalidad es un valor a exhibir. La violencia no se detiene en los migrantes, solo se vuelve más hambrienta. Nadie está a salvo. Renee Good, la mujer asesinada por un policía migratorio en Minnesota, es la triste prueba. Sus tres blanquísimos hijos, educados en el más devoto catolicismo, ya conocen la arcadia prometida: una mitad de la sociedad embrutecida y la otra mitad pisoteada. No hay pureza donde cobijarse. O convivencia y prosperidad compartida o una sociedad rota por la violencia.

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