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Opinión | 360 grados

La insoportable terquedad de Ursula von der Leyen

Archivo - La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en una imagen de archivo.

Archivo - La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en una imagen de archivo. / EPP Group - Archivo

Como uno de esos viejos discos de vinilo rayados, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, repite una y otra que es sólo Rusia y no la OTAN quien se empeña en prolongar una guerra que empezó hace ya casi cuatro años.

«Toca a Rusia demostrar que quiere la paz con Ucrania», dijo por enésima vez la cristianodemócrata alemana con la terquedad que la caracteriza tras el acuerdo alcanzado en París por la llamada ‘coalición de voluntarios’, entre los que está España.

Acuerdo debatido solo entre los aliados de Ucrania y sin contar para nada con el otro país al que debería aplicarse y que por cierto está ganando la guerra ya que conquista más territorio enemigo cada día que pasa. Pero eso no importa.

Von der Leyen no hizo en cualquier caso más que repetir lo que ya había dicho antes su vicepresidenta y alta representante de la Union para Asuntos Exteriores, la estonia Kaja Kallas, con la que parece competir no sólo en rusofobia sino en desconocimiento de la realidad sobre el terreno.

El plan de paz acordado en París en presencia del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y con total ausencia de Rusia, establece claramente que entrará en vigor sólo una vez declarado el alto el fuego.

Pero ocurre que Rusia, gato escaldado por lo ocurrido con anteriores acuerdos como los de Minsk y Estambul, ha dicho por activa y por pasiva que en ningún caso aceptarán el cese de las hostilidades si las partes no aprueban antes las condiciones de paz.

Condiciones que, para el Kremlin, incluyen la aceptación por Kiev de la pérdida de Crimea y otras cuatro regiones de mayoría rusófona, la desmilitarización de Ucrania así como su desnazificación, o dicho con mayor claridad, un cambio de régimen.

Nada de eso parece interesar a Ursula von der Leyen ni a Kallas, que insisten en que hay que ofrecer garantías de seguridad a Ucrania, que sería idealmente la primera línea de defensa frente a una Rusia por naturaleza agresora.

Esas garantías de seguridad, que no incluyen a Rusia, deben descansar primero en las Fuerzas Armadas ucranianas, que, además de excelentemente entrenadas, cuentan con experiencia de combate. A los aliados europeos les competería garantizar a partir de ahí que estén todo momento bien equipadas.

Los estadounidenses, por su parte, se encargarían, según el totalmente ilusorio plan de paz europeo, de las tareas de ‘verificación’ y ‘monitoreo’ del alto el fuego, a lo que supuestamente se han comprometido.

Mientras tanto, el comisario europeo de Defensa, el lituano Andrius Kubilius, explicó en la reciente conferencia de Seguridad de Estocolmo que la Unión Europea necesita un ejército de 100.000 efectivos que estarían bajo un mando único como el de EEUU, que es, sin embargo, una República federal.

Incluso propuso un consejo de Seguridad europeo integrado, como el de la ONU, por miembros permanentes- se supone que los países más fuertes como Francia, Alemania, Italia y el Reino Unido, aunque éste no forme parte de la UE- y otros que se irían rotando.

Se puede soñar en Bruselas siempre que no sea con la diplomacia y el desarme.

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