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Opinión | Pasando la cadena

El parche de Arbeloa en vísperas de Mourinho

Álvaro Arbeloa, durante su presentación y primera rueda de prensa como técnico blanco en Valdebebas

Álvaro Arbeloa, durante su presentación y primera rueda de prensa como técnico blanco en Valdebebas / DPA vía Europa Press / DPA vía Europa Press

Lo esencial de las personas no cambia y mucho menos si los años endurecen los corazones. Y eso ocurre cuando la soberbia, el colesterol malo del alma, crece y crece como la nariz y las orejas en gente de escasa o nula empatía.

Florentino Pérez ha encadenado triunfos importantes al frente del Real Madrid, paralelos a sus logros empresariales y económicos. No lo olviden. Y lo que podría haberle llevado a relativizar el éxito, habiendo conocido también fracasos en su dilatada y fructífera vida, le ha encaminado extrañamente a una notable confusión. Ir contra todos y contra todo es erróneo, pero empeñarse también contra el madridismo que no entienda algunas de sus decisiones es suicida. Debería saber que la memoria futbolística es corta y que de los aplausos a los pitos solo median malos resultados.

O un exceso de soberbia en su triple condición de presidente, director deportivo y de comunicación del club más laureado del mundo y primera marca española.

Ahora, tras despreciar a Xabi Alonso —en realidad los ha despreciado a todos salvo a Mourinho—, esa soberbia desaforada se manifiesta en la búsqueda de alguien para el banquillo que reúna las condiciones necesarias para entrenar a un equipo marcadamente presidencialista. Empezando por saber y aceptar que en el Bernabéu nadie pinta nada en nada más allá de Florentino Pérez. Y los entrenadores, menos.

Eso lo vio venir el deseado Klopp, quien no se dejó convencer en mayo. Era el que quería Florentino, seguramente de un modo acertado, antes de fichar después a Xabi por indicación y consejo de José Ángel Sánchez, su segundo en el club. Y ahora es más complicado que acepte tras la huida hacia adelante del presidente del Real Madrid. Lo están tentando, pero para alguien acostumbrado a la Premier y a la Bundesliga, donde los proyectos se respetan, es difícil que acepte, salvo que don Florentino diera un paso atrás y dejara que los técnicos le configuraran la plantilla y dirigieran deportivamente al club. Pero eso es un imposible.

A Xabi, de quien nunca estuvo convencido, le puso la cruz ya este verano pasado antes del Mundial por osar decirle que al menos le serviría para ver jugadores, aceptando dirigir de urgencia a una plantilla que no era la suya, cuando Pérez esperaba que le asegurara pelear a muerte el codiciado primer trofeo de campeón del mundo de clubes por haber equipo para ello. Por eso, el presidente blanco comentó a sus cercanos que «este —por Xabi— no sabe dónde está».

Y de aquellos polvos, Arbeloa. Es quien más a mano tenía de su cuerda, porque Raúl nunca lo fue ni se fía de él en lo futbolístico ni en lo personal. Como tampoco lo fue nunca Del Bosque ni Casillas ni Hierro ni nadie que no coma en su mano. Y esto último es importante para Florentino Pérez. O eso, o alguien más forofo que él, tipo Mourinho. No madridista, no. En este Madrid hay que ser florentinista y forofo sin tibiezas.

Ni siquiera Zidane, su mejor fichaje, encaja en tal perfil. Por eso se largó del club tras su tercera Champions consecutiva al no hallar calor ni respaldo del presidente blanco cuando tuvo una crisis de resultados en la navidad anterior y supo que le estaban buscando relevo en tales fechas.

Y llegamos a Mourinho, que mucho me temo que tiene todas las papeletas para aterrizar por Madrid desde Lisboa a final de temporada si Klopp sigue en sus trece de no ser el paniaguado de turno en el banquillo blanco. Porque Arbeloa es solo un parche, a quien se hubiera cargado también sin misericordia de tener relevo tras su absurda convocatoria y el consiguiente ridículo en Albacete en Copa.

Y eso que el chico apunta maneras de florentinista clamoroso. No se explica de otro modo su humillada afirmación de que quienes pitan a Florentino en el Bernabéu no son madridistas. Pues serían culés o colchoneros quienes enarbolaron pañuelos y pitaron hacia el palco el sábado contra el Levante ¿Se puede ser más dócil? Sobre todo, tras decir antes que los jugadores debían aceptar de buen grado los pitos porque el Bernabéu es soberano.

En fin, que salvo triunfo en Liga o Champions, milagros improbables, aunque ojalá Arbeloa los pelee hasta el final, prepárense para un Mourinho 2. Tan penoso para el propio Real como gozoso para la prensa, que revivirá jornadas de gloria con el luso metededos.

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