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Opinión | Málaga de un vistazo

Luto del negro más oscuro

Hace unos meses les confesaba que me gusta viajar en tren; navegar por terrenos firmes; contemplar el paisaje como se traslada ante la existencia; observar a los compañeros de vagón, imaginar sus vidas, escuchar sus conversaciones, anidar en sus realidades durante un trayecto efímero donde todo resuena a destino. En una época ya alejada pero perseverante en la memoria, mis particulares odiseas en ferrocarril entrañaron una inspiración literaria que aún peregrina conmigo. Desde su avance en el siglo XIX, el tren se metamorfoseó en el mejor arquetipo de adelanto, con semblante humanoide y sones musicales que acompañaban el periplo armonizando sus silbidos con el horizonte por descubrir. Evidentemente, no existe alegoría más vehemente para simbolizar el itinerario de nuestras biografías como el tren, con sus imponderables, estaciones, despedidas y llegadas. Con unos entrañables amigos, Miguel, Alicia, Jacobo y Chanchi, en nuestras tertulias periódicas en El Palo, cerca de la avenida de la Estación, cuando analizamos la condición humana y su proyección en el orbe, comento la analogía que tiene la propia supervivencia con el recorrido en línea férrea: nos subimos al furgón y compartimos un espacio y una distancia. Nos bajamos en una estación. Subimos a otro tren y participamos con otros viajeros del deambular vital un nuevo trecho. Hoy, tras el infausto accidente en Adamuz, España, Andalucía, Málaga están de luto revestidas del negro más oscuro. Habita en nosotros un duelo con un sentimiento de confusión, incredibilidad… y nos preguntamos de forma continuada el ‘por qué’. Vivimos emociones sombreadas por la impotencia, desamparo, rabia, miedo y amargura. Sres. próceres, por la vida, gestionen.

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