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Opinión | Viento fresco

Preferiría no hacerlo

Todo ser que se precie grita alguna vez esa famosa consigna de Bartleby el escribiente

Milei con otros poderosos, y sus vasitos de agua, ayer en Davos.

Milei con otros poderosos, y sus vasitos de agua, ayer en Davos. / l.o.

De cuando en cuando se le viene a uno a la cabeza ese célebre personaje de Herman Melville, Bartleby el escribiente. Su coletilla era "preferiría no hacerlo". Y así, a lo largo de la narración, con un "preferiría no hacerlo" de continuo, logró sus propósitos. Bueno, no exactamente. "Preferiría no hacerlo parecía un canto a la pasividad, pero en realidad era, también, un grito de tenaz resistencia y coherencia. Hoy modernamente no sé si en vez de "preferiría no hacerlo", diríamos "que lo haga tú prima". Sin descartar un muy desahogante: "hazlo tú con los cuernos".

Cuántas cosas preferiríamos no hacer. Preferiría no vivir en esta consternación que produce ver tantas vidas segadas por un choque de trenes y preferiría que no hubiera muerto nadie. Claro que también preferiría el silencio de algunos bocazas, la poesía de los que callan sin motivo, la primavera derrotando al invierno, pero también el tacto del edredón oyendo llover. Con un café humeante en la mesilla de noche. A salvo de todo. Dentro de la cama a oscuras y calentito, como si aún uno no hubiera salido del vientre materno. Preferiría menos deterioro de los servicios públicos y menos políticos de vía estrecha (lamentable metáfora). Preferiría no hacerlo, pero a veces hay que decirle a alguien que no lleva razón.

Preferiría no hacerlo: no tener que calificar a alguien de desagradecido. Preferiría no tener que bajar acompañado en el ascensor y preferiría no tener que pedir las cosas dos veces (y no estoy hablando de hostelería). Preferiría no hacerle una mala crítica a un libro y preferiría no tener que oír los ruidos del vecino, que parece que está taladrando una pared. Casi preferiría no escribir este artículo y preferiría no experimentar la subida de precios ni tener que aguantar los aires de grandeza de quien a todas luces es muy pequeño. Todo hombre que se precie ha de gritar alguna vez preferiría no hacerlo, para que resuene sobre todo y tal vez en la propia conciencia de uno. En cualquier caso, amigo lector, un pequeño desahogo. Aunque, claro, preferiría no hacerlo.

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