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Opinión | Málaga de un vistazo

‘Les Miserables’

La novela 'Miserables' de Victor Hugo, con sus personajes atormentados, resuena en la actualidad ante la explotación de la tragedia de Adamuz para lucrarse, como ya ocurrió con las mascarillas o los viajes

Los Miserables.

Los Miserables. / l.o.

Victor Hugo publicó esta novela en 1862. Sus personajes no sólo son míseros en lo material, como el joven Valjean, encarcelado por robar pan para su familia; sino también de espíritu, como el inspector Javert.

‘Miserable’ tiene hasta cuatro acepciones en la RAE, aunque por desgracia se puede identificar de más formas tras lo sucedido en Adamuz. Resulta miserable para las entrañas de todos que 45 vidas nos hayan dejado de esa manera. Es miserablemente triste que tengan que suceder tragedias así para ver la luz de la humanidad. Un mundo de solidaridad partía de incontables puntos de Córdoba para dar su mano en forma de mantas, comida caliente, viajes en coche y techos improvisados para quienes, entre sangre y cristales, volvieron a nacer en el Alto Guadalquivir.

Pero llegaron los miserables, y como aquellos comisionistas de mascarillas, quisieron, porque el capitalismo se lo permite, aprovechar la miseria de desconocidos para agrandar su trozo del pastel: aviones Málaga-Madrid a precio de Caribe; rentacars básicos a tarifa de alta gama; VTC por las nubes en la zona frente a taxistas que hacían portes gratis... En la novela original, hubo episodios totalmente tergiversados al traducirse, como el del monseñor Bienvenu, que visita a un moribundo de la Convención y que, tras hablarle sobre los abusos sufridos de la Iglesia, se arrodilla ante él y le pide su bendición. En la versión española, es el mortecino revolucionario quien, arrepentido, le pide perdón. Míseros traductores. Ojalá no dejemos vencer también a esos otros miserables de la pluma que, con sus bulos, intentarán una vez más enfangarlo todo. Las familias merecen la verdad.

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